En la trinchera

¡Oh Dios, llévate el sol del cielo! Me está quemando, me está chamuscando.

Dios, ¿no puedes oír mi ruego? ¡Agua! ¡Una pobre copa, pequeña!
Se está riendo, ¡el maldito sol! Miren como se hincha e hincha,

¡feroz como cien infiernos! Dios, ¿nunca lo harás?

Está calentando la carne sobre mis huesos, está golpeando con martillos al rojo vivo

mis párpados hacia mi cabeza, está secando mis propios gemidos.
¡Miren! Es el tamaño del cielo, y el cielo es un torrente de fuego,

espumándome mientras estoy aquí en la trinchera… la trinchera…

 

De las miles que silban y zumban sobre mi cabeza depreocupadamente,

¿por qué no puede venir una bala y punzarme el cerebro en vez,

ennegreciéndolo para siempre?, ¿terminar para siempre mi pena?
Aquí en el infernal resplandor, ¿por qué debo sufrir tanto?
¿No le preoucpa a Dios, es que Dios no lo sabe?
Oh, ser asesinado ya mismo, ¡limpiado en el fragor de la batalla!
Aquella es una muerta dorada, aquello es una bendición, pero esto…

Llevando un aliento angustiado bajo un abismo caliente,

bajo un cielo recargado de fuego sulfuroso, hirviente,

chamuscándome mientras estoy aquí en la trinchera… en la trinchera…
¡Apura, oh Dios, la noche! Oculta de mis ojos la visión del cuerpo que veo

y contemplo destrozado tan espantosamente.

No puedo creer que sea el mío.

Mi cuerpo era blanco y dulce, sin manchas, lindo y delgado,
con una figura de la cabeza a los pies, oh no,

jamás podré ser la cosa horrorosa que veo bajo el fuego del rifle,
atado a la trinchera… la trinchera…
Sueño con la noche y la muerte, noche que me traerá paz,

frescor y el brillo estelar, quietud y la liberación de la muerte:

han pasado eras y eras, ¡sí! es noche al fin.
¡Noche!, pero las escopetas siguen rugiendo.
¡Noche!, pero los ejércitos atacan.

Géiseres de condena rojos, amarillos y negros boca arriba.

Proyectiles estrellados, plateados, verdes y rojos flotan y se esparcen.
Allá a la derecha se enciende ferozmente el combate,

rugiendo cerca y más cerca, atronando ahora en mi oído, cerca de mí, cerca…

¡Oh, escuchen! Alguien gime en la oscuridad.

Escucho, pero no puedo ver, oigo mientras el resto se retira,

alguien es atrapado como yo, atrapado en la trinchera… la trinchera…

Nuevamente la mañana que estremece, extraña, perversa y pálida,

nuevamente, y todavía no me he ido.

El hombre que escuché está muerto. Ahora puedo comprenderlo:

un agujero de bala en su cabeza, una pistola agarrada en su mano,

bueno, él sabía qué hacer, sí, y ahora lo sé también…
¡Escuchen las armas resentidas!
Oh, qué agradecido estoy de pensar que mis seres queridos nunca sabrán cómo muero!
He sufrido más de lo que me correspondía, estoy destrozado más allá de toda reparación,

he combatido como un hombre la batalla, y ahora demando el derecho

(¡Dios, cómo se adhieren sus dedos!)
para hacer sin vergüenza esta cosa.

¡Bueno!, todavía hay una bala, ahora estoy listo para disparar,

cúlpame, Dios, si lo harás, aquí en la trinchera… la trinchera…
traducción: Hugo Müller

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