Constructor de rimas

No envidio a aquellos tontos divertidos que cuentan con morir en sus botas,

por eso, decir la sobria verdad debería ser el privilegio de la juventud,

pero los huesos envejecidos son conducidos mejor al cielo desde una cama liviana.

Así apuntálame con dos almohadas, y sírveme la cerveza de cebada,

y pon una lapicera en mi mano y un libro de copia a mi comando,

y deja que mi esfuerzo final sea llamar una rima de alegría hogareña.
Desde entonces la he amado, oh, por tanto, dejen que mi última labor sea en canción,

y cuando mi lapicera flaquee, oh, una copla final podrá coronar los años de esfuerzo que he hecho para justificar el comercio de los hacedores de jingles.
Déjenme rendir con una rima mi largo y amado arrendamiento de tiempo,

déjenme ser agradecido por el don de acoplar palabras en alzamiento lírico,

dejenme construir canciones con mi humilde carretilla, mi último ladrillo dedicado a Dios.
traducción: Hugo Müller

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