Tomenlo con calma

Cuando estuve boxeando en el ring, en San Franciso en 1897,

solía hacer cinco dólares con un lanzamiento, para darlo tan bueno como lo recibía.

Pero cuando me sentí demasiado divertido luchando,

e intenté ser un macho mi segundo, Mike Muldoon, dijo:

“Ve tranquilo, muchacho, tú permanecerás por mucho tiempo”.
Cuando estaba camino a Yukon los muchachos hubiesen advertido,

cuando las cosas estuviesen más desoladoras, el eslabón más débil es el que va a fallar,
yo dije: “¡Por Dios! No seré el más débil”.
Estonces hubiese luchado con poder y dominio,

esforzándome para probar que era el más fuerte,

hasta que Sam hubiese chasqueado:

“¡Maldición! Ve con calma, hijo, durarás hasta el final”.
Así ustedes, muchachos de ochenta y algo, tomen mi consejo, nunca se arrepentirán:

estén preparados para encontrar a su Dios, pero no se vayan en estampida para hacerlo.

Sólo cultiven un andar sobrio, no emulen al congrio viviente,

no necesitan correr, frenen el paso,

vayan tranquilos, compañeros, permanecerán por más tiempo.

 

traducción: Hugo Müller

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