Pragmático

Cuando era joven era ateo, sí, pomposo como una paloma,

no perdía oportunidad de satirizar la religión.

Despreciaba las Escrituras, me burlaba de la fe, blasfemaba a los creyentes,

yo decía: “No hay vida después de la muerte, sus sacerdotes son sólo engañadores”.

 

En la mitad de la edad no era tan cáustico y despreciativo.

Yo pensaba: Hay demasiado que no sé, mejor seré agnóstico.

“Es tonto mofarse de la esperanza de inmortalidad”.

Así en el final vine a ser un dudoso de mi duda.
Ahora soy viejo, con pasos inclinados que hesitan y titubean,

encuentro que obtengo bastante paz mental sentándome junto a un altar.
Entonces amigos, no desdeñen el banco familiar de la iglesia, las prédicas de las catedrales:

la religión puede ser verdadera o falsa, ¡pero por el Señor!, funciona.

 

traducción: Hugo Müller

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