Mike Gravel, indomable candidato a presidente de Estados Unidos

En la contienda del partido democráta para las presidenciales del año 2008, un ex senador poco conocido de Alaska, Mike Gravel, protagonizó los debates con encendidas arengas contra las guerras emprendidas por el país, achacándole a la vez a sus rivales ser un grupo de elitistas completamente ajenos a las necesidades y demandas del estadounidense común. En su momento Gravel no logró impactar desmasiado en la competencia, definida mediante una épica batalla entre Barack Obama y Hillary Clinton, aunque su conmovedora oposición a la guerra en Irak le valió la admiración de miles de votantes. Probablemente a Gravel no lo ayudó su imagen de viejo gruñón.

Gravel protagonizó también uno de los videos de campaña más extraños de todos los tiempos, llamado Rock, en el cual él mira en silencio a la cámara durante dos incómodos y largos minutos antes de darse vuelta y lanzar una gran piedra a un lago.  Ahora, a sus maduros 88 años y estimulado por la inigualable ambición de un par de adolescentes –el ex senador se vuelve a lanzar a la carrera presidencial de 2020, con la explícita intención de comandar la agenda y los temas de debate. Incluso, ha grabado una versión actualizada de su épico Rock.

Gravel no ha perdido una pizca de su fuerte personalidad en la última década, ni su convicción de que puntos de vista como los suyos son marginados por las poderosas fuerzas del establishment político yanqui. “No abandonaré la política. Los grandes medios decidieron que yo había dejado de existir. En estos últimos años he hecho varias cosas, pero no se transmitieron por los medios porque no querían escuchar. He desafiado al complejo militar-industrial, y los medios están controlados por este complejo y Wall Street” –aseveró Gravel en una comunicación por Skype con la redacción de Maldita Realidad.

La lista de candidatos del partido demócrata es extensa, y por los nombres ha sido considerada como una de las más diversas y excitantes de las que se tenga memoria. El “retorno” de Gravel le confiere otro giro inesperado. Y pocas historias pueden ser tan extrañas como la suya. La primera señal la dio a fines de marzo, cuando su usualmente inactiva cuenta de Twitter se animó con ataques contra Joe Biden, Kamala Harris, las intervenciones militares de Estados Unidos y el capitalismo.

Pero no era Gravel quien twiteaba, como lo hace el actual presidente, sino dos “community managers” adolescentes del estado de New York, David Oks y Henry Williams, quienes reclutaron a Gravel y lo instaron a participar en las presidenciales del año que viene para empujar el debate sobre la política exterior hacia la izquierda. “Les di mi cuenta de Twitter, que nunca usaba. Estoy muy impresionado con ellos. Si me conducen a los debates iré. Ellos están haciendo todo el trabajo” –aseguró Gravel en la amena conversación.

Aunque los tweets no sean exactas palabras de Gravel se acercan bastante a sus creencias. Piensa que candidatos como el ex congresista de Texas, Beto O’Rourke y el alcalde de South Bend, Pete Buttigieg, son “básicos y convencionales”. Los tweets son brutales, y a veces, muy divertidos. Cory Booker, por ejemplo, es asaltado así: “Si deseas una visión del futuro con Cory Booker, imagina una bota estampándose sobre un rostro humano para siempre, y todos se detienen por un rato para una lectura inspiracional sobre cómo no deberíamos jamás parar de soñar”.

Pero la campaña no es joda. Para lograr que Gravel participe de los debates veraniegos se necesitan al menos 65.000 aportantes. De acuerdo con el equipo de campaña, actualmente Oks y Williams tienen casi 20.000, con una donación promedio de $3.32 dólares. Oks se encuentra aún en la escuela secundaria y ha sido seguidor del senador desde que leyó la novela Nixonland, de Rick Perlstein, que retrata a los políticos de la década de los ’70 del siglo pasado. Su admiración por el senador alaskense se robusteció cuando Felix Biederman, uno de los creadores de la popular serie radial Chapo Trap House, lo mencionó en un reciente episodio. Entonces se le ocurrió que si lo impulsaban como candidato a presidente sería grandioso.

Esta no es la primera vez que Oks se involucra en política. Previamente se candidateó para alcalde de Ardsley, New York, junto con su amigo Henry Williams, estudiante de primer año en la Universidad de Columbia con especialización en física. Se unieron por coincidir en su visión de que al interior del partido demócrata las cuestiones de política exterior son ignoradas. Con demasiada frecuencia, la idea de que Estados Unidos tiene el derecho a intervenir donde desea y que es una fuerza del bien en el mundo ha dominado la discusión.  Ese fue ciertamente el tema de Gravel en la campaña de 2008.

Esencialmente iconoclasta, Gravel siempre ha cuidado su status de outsider y cuestiona severamente a los otros candidatos en cada oportunidad que se le presenta. En un show de TV en vivo, Gravel criticó al entonces senador Biden por votar a favor de la guerra de Irak, y le espetó: “Usted tiene cierta arrogancia, usted quiere decirles a los iraquíes cómo tienen que gobernar su país. Yo le digo, nosotros deberíamos irnos de allí”.

De todos modos, una rápida mirada a la plataforma 2020 de Gravel muestra que la campaña no se focaliza sólo en la política exterior sino también en la esfera doméstica. En su catálogo de posiciones políticas de izquierda radical, el batallador anciano propone la abolición del senado, de las prisiones (tanto estatales como privadas), y del ICE (organismo que controla la Aduana y las políticas migratorias), así como limitar el poder del aparato judicial. Junto a esto, impulsa la educación en todos los niveles y salud grauita para todos y todas los estadounidenses o residentes en el país. En algunas revistas de izquierda Gravel viene ganando terreno, y ha prometido finalizar su campaña una vez que aparezca en los debates. Su objetivo, dice, no es una quijotesca búsqueda de la Casa Blanca, sino conformar una plataforma de visiones que él considera importantes del mundo local e internacional que no tienen lugar en el ámbito de la política yanqui. Esta postura le ha permitido ganar adeptos que le imprimen una mirada más positiva a su campaña.

En un artículo de Current Affairs, el editor Nathan Robinson arguyó que la presencia de Gravel en los escenarios de debate sería muy bienvenida, que se requieren candidatos que pongan en la mesa a Chelsea Manning o Julian Assange, que no sientan miedo de usar la palabra “imperio” cuando se describe a los Estados Unidos.

Por ahora, tanto Gravel como su equipo están satisfechos con sólo girar el debate hacia la izquierda, y creen que es tiempo de entregar el bastón y al menos, la cuenta de Twitter, a las jóvenes generaciones. Según Gravel, la esperanza se halla en la Generación X y en los millennials y centenials. Ciertamente no en la suya.

Si bien aún hay obstáculos que despejar –por ejemplo, la creencia de Gravel de que el atentado del 11/9 fue un trabajo interno, lo cual le resultará todo un desafío en su campaña-, el lanzamiento se mantiene fresco y vibrante. Recientemente, Gravel ha dicho que las Torres Gemelas se derrumbaron con el uso de demolición controlada. Confrontados con esta información, los jovenes administradores de la campaña enfatizaron que Gravel es un vehículo para sus ideas y, por consiguiente, sus opiniones personales no son tan significativas. De cualquier modo, él es el candidato y lo que diga en campaña será asumido, para bien o para mal, como un reflejo de sus seguidores.

De uno u otro modo, quienes lo rodean se atreven a soñar lo imposible: ¿qué pasaría si Gravel logra transformarse en el candidato demócrata? Oks responde a esta pregunta diciendo que probablemente deje los estudios para focalizarse en la campaña presidencial del sabio y viejo dirigente.

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