López Obrador traiciona el legado zapatista

Sentado a la sombra de un árbol de sapodilla, Jorge Zapata González le da una lenta chupada a su cigarrillo y cuenta una ilustre historia de revolución y traición. Su abuelo, el insurgente mexicano Emiliano Zapata, condujo a los campesinos empobrecidos a la batalla con el grito de “tierra y libertad” hace un siglo, sólo para ser traicionado por un aliado y luego asesinado.

Hoy se cumplen cien años de aquel evento, y su nieto siente una fresca bocanada de traición.”Luego de tanto tiempo, el gobierno está traicionando los ideales de Zapata nuevamente” –dijo el heredero.

Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México, expresó hoy su admiración por el héroe revolucionario, invocó su intención de revivir la economía rural y declaró el 2019 como el año de Emiliano Zapata. “Puro festejo de cartón, pura fantochada” –dicen los zapatistas en el país.

En Morelos, región de origen del líder revolucionario, se desató una batalla por su legado, mientras López Obrador impulsa el desarrollo de una planta de energía y un oleoducto que enfrenta una fuerte oposición de la comunidad indígena local. “Es pushes for the completion of a power plant and pipeline that have faced strong opposition from the local community.

Es una burla declarar el año de Emiliano Zapata y en la conmemoración, quitarle el agua limpia a los granjeros de su lugar de nacimiento para dársela a empresas multinacionales” –consideró Zapata González.

La lucha revolucionaria de Zapata buscaba reformar la estructura agraria mexicana (sobre todo de tenencia y uso de la tierra), sustentado en ideales de libertad, justicia social y compromiso comunitario. Su prédica aún resuena en un país controlado todavía por mafias de narcotraficantes, en connivencia con agentes de la CIA y la DEA, y fuerzas federales del gobierno. Ante este panorama, la elección de López Obrador, por su discurso progresista y anti-neoliberal, implicó una experanza para los zapatistas, quienes tras varios meses de gestión empiezan a enseñar su profunda desilusión.

Imágenes de Zapata, con us ancho sombrero, gruesos bigotes y estilo bandolero, rivalizaron con las del Che Guevara como íconos de la rebelión romántica y la lucha anticapitalista. Los descendientes de Zapata recién han patentado al revolucionario como marca registrada, obteniendo de este modo dividendos por la venta de merchandising, desde remeras a tequilas.

Siempre ha habido una disputa por el legado de Zapata. Incluso inmediatamente después de su muerte. Se trataba de una figura maleable que le podía convenir a los distintos bandos en disputa. El establishment siempre bastardeó y arruinó la memoria de héroes de su talla.

El ex presidente Carlos Salinas de Gortari, conspicuo delincuente como todos los presidentes mexicanos del período 1980-2018, que instumentó privatizaciones de empresas del estado y servicios público y forzó el desplazamiento de millones de campesinos, nombró a su hijo “Carlos Emiliano”, explicando con impávido descaro que sus reformas eran lo que Zapata quería.

López Obrador es el primer “izquierdista” que gobierna el país desde el establecimiento de la democracia en 2000. Ha hecho campaña fuertemente contra las reformas estructurales de los últimos 40 años, y recientemente declaró que había finalizado en México la “era neoliberal”. También plantea que su gobierno es el de la “Cuarta Transformación”, aunque desde que asumió sólo ha tomado medidas conservadoras, especialmente en sus políticas sociales, promocionando varios megaproyectos poco sustentables en tierras indígenas.

De este modo, López Obrador pretende construir una nueva historia oficial y toma el legado de Zapata para aparentar que a él también le preocupan los campesinos. Pero Zapata González desprecia su actitud, y a todos aquellos que se quieren apoderar de las causas de su abuelo. El vive todavía en la ciudad natal de Zapata, la ciudad de Anencuilco. Como todo digno heredero del revolucionario, don Jorge porta un bigote robusto y fuma aromático tabaco. “Mi dignidad como hombre y mi apellido no tienen precio” –dijo.

El heredero es uno de los líderes de la campaña contra el acueducto de Huexca que López Obrador quiere imponer a cualquier costo. Al asumir la presidencia, AMLO había declarado su oposición al proyecto, pero pronto se arrepintió y apoyó a los empresarios foráneos.  “Ha hecho lo contrario de lo que prometió” –asegura Zapata González, quien reveló que el ruido que hace la planta es insoportable, y que los efluentes ya han contaminado el río Cuautla.

López Obrador quiso plebiscitar la obra pero la región se puso tensa cuando mercenarios enviados por las multinacionales asesinaron a una activista indígena local que se oponía al emprendimiento energético. Si bien el presidente denunció el crimen por vil y cobarde, explicó que lo habían hecho para sabotear el plebiscito. Con estas declaraciones se ganó el odio de los zapatistas de Morelos, y ya no es bienvenido a este estado mexicano. Entretanto, la maquinaria de mercenarios, fuerzas policiales y parapoliciales que masacran activistas, defensores de derechos humanos y periodistas sigue a toda marcha. “Todos aquí nos sentimos amenazados. Lo que hace el presidente es pisotearnos, como hicieron todos los anteriores, y no lo vamos a permitir” –asegurá Zapata nieto, dando una profunda calada a su exquisito cigarro.

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