La canción del nacido soldado

Dénme el desprecio de las estrellas y un pico desafiante,

el gemido de los pinos y un viento con el grito de un gigante,

la noche y un camino desconocido, y un corazón confiado.
Denme para vivir y amar de la vieja, resuelta forma,
el alojamiento del soldado a la noche y una ración de soldado,

un corazón que salta a la lucha con una pasión de soldado.
Porque sostengo como simple fe que no puede haber negación:

la profesión de soldado es la única que merece ejercerse,

la muerte de un soldado es la única muerte que vale la pena.
Así déjenme ir y dejar su seguridad detrás,

ir a los espacios azarosos donde nada puede atarme,

ir hasta que la palabra sea Guerra, y entonces me encontrarán.
Entonces ustedes me llamarán y me reclamarán porque me necesitarán,

me alentarán y me rodearán y me apurarán a la cólera de la batalla…

Y cuando termine, me rechazarán y ya no me prestarán atención.
Porque el engaño y un bolso dorado engrasado son las armas que ustedes llevan,

con hazañas de papel pelean y con las plumas esquivan,

llaman a los sabuesos de la ley para acosar a sus enemigos.
Ustedes, con su ‘arte por el arte’, posando y emperejilados,

ustedes, con su ‘vive y sé feliz’, comiendo y bebiendo,

ustedes, con su ‘paz ante cualquier peligro”, retirándose de la sangre brillante.
¡Tontos! Les diré ahora: aunque la lluvia roja tamborilea,

y un millón de hombres caen, es poco lo que importa…

Ahí está la bandera izada hasta las estrellas aunque esté hecha jirones.

 

Hay una gloria que el oro nunca puede comprar para anhelar y llorar,
hay una esperanza que es tan vieja como el cielo para sufrir y suspirar,

hay una fe que deslumbra al sol por la cual martirizarse y morir.

¡Ah, no! Es mi sueño que la Guerra jamás terminará,

que los hombres perecerán como hombres, y el valor será espléndido,

que la bandera será servida por la espada y el honor defendido.

Que la historia de mis luchas nunca envejecerá,

que aunque mis ojos oscurezcan y mi barba encanezca,

moriré como un soldado muere en el Campo de la Gloria.
Así denme un brazo derecho fuerte para la rápida corrección del mal,

la estrofa de una canción en mis labios mientras mi espada golpea,

puede haber muerte en mis botas, pero estaré luchando, luchando.
traducción: Hugo Müller

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