El cobarde

¿Han visto hoy al tonto de Bill en el lazo?
Dicen que ganó la Cruz de la Victoria, el pequeño Bill gemiría y escaparía

si le dan un golpe a la quijada.

Ha asesinado toneladas de hombres del Kaiser,

ha capturado una de sus grandes y veloces ametralladoras,

y no había tenido práctica en matar antes de que lo mandasen a la guerra.

 

Pequeño Bill, cómo te acuné en tus ropas de bebé,

el pequeño Bill me contó lamentos infantiles,
cuán a menudo le limpié su pequeña nariz con el borde de mi delantal.

Y ahora todos los diarios llaman y lo alaban,

y él lo ha logrado y ha sacudido la mano del rey,

y lo veo hoy en la sala, pobre cosa, donde lo están emparchando una vez más.
Y él dice: “¿Qué piensas de eso, Liz Ann?”
Y yo digo: “Bueno, no puedo hacerlo, viejo,

lo hubieses enganchado apenas la mierda comenzó,

cuando eras un muchacho”.

Y él susurra: “Aquí, en la quietud, Liz, están haciendo demasiado lío de todo el condenado negocio,

y los diarios me imprimen horrible pero… estoy colgado si sé lo que hice.
Oh, viene el capitán y dice: ¡Miren aquí!

Están demasiado callados allá afuera: es extraño.

Están por hacer algo, ¿algún voluntario para arrastrarse en la oscuridad y ver?

Entonces sentí mi corazón latir como un martillo,

y un tipo salta y dice: ¡Bueno, yo!, pero yo me desconcho derecho y digo ¡oh, no!,

él tiene mujer e hijos, tómenme.
Y lo siguiente que supe es que me escabullí afuera

donde estaba lleno de cadáveres fangosos,

y sentí tanto miedo que quise gritar, y me dio piel de gallina del temor, y digo:

¡Ustedes, cobardes! No tienen derecho de tomar el trabajo de un hombre esta noche,

aún me mantuve avanzando hasta que (¡horrible visión!)

la trinchera de los alemanes estaba cerca.

Estaba todo tan oscuro, estaba todo tan quieto,

había algo que me impulsaba contra mi voluntad,

¡cuánto quería girar! Aún seguí arrastrándome hasta que vi brillar una luz opaca.

Entonces pienso: Sólo avanzaré un poco más, y veré qué provecho puedo sacar de esto,

y parecía venir de la boca de un pozo:
¡Cristo, una mina! –digo yo.
Entonces viene la parte que no puedo explicar:

intenté volver a la base nuevamente, pero algo estaba ardiendo en mi cerebro,

entonces me arrastré hacia la trinchera, luego ví la cabeza de bala de un alemán,

y estaba parado junto a una ametralladora, y levanté una roca y le pegué una vez,

y cayó como un trozo de plomo.
Entonces todos los alemanes que estaban en el subsuelo

subieron precipitados y rebotando, y yo balanceo aquella vieja y mareada Maxim
y los até sólidos y cuadrados.

Verán que ya me había deshecho de mi rapto de miedo:

digo yo, ‘si estoy vendiendo mi vida, es querida’.
Y la trinchera era estrecha y ellos estaban cerca, así que salpiqué a los brutos por placer.

Entonces los sostuve de vuelta y grité con susto,

y los muchachos atacaron y tuvimos una lucha,
y capturamos una sección de la trinchera aquella noche,

lo que no esperábamos alcanzar, y me encontraron allí con mi escopeta Maxim,

y hubiese acostado a un montón si hubiese planchado a uno,

y me desmayé afuera cuando todo estuvo hecho,

y todavía no lo he superado”.

Así es la historia que Bill me contó, por supuesto está todo en estricto secreto,

no tiene sentido sacarlo a la luz, ves, ya que actuó contra su voluntad.

Pero está convaleciente con todo su poder, y espera estar curado para otra batalla,

¡digo!, ¿no es él un poco de los verdaderos héroes?
¡Cuál es el problema con Bill!

 

traducción: Hugo Müller

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