Al hombre del norte alto

Mis rimas son rudas, y con frecuencia rimando he ido a la deriva,

cernido de plata, sobre mares de sueño,

escuchando el repique lejano de las campanas de la tierra de los elfos,

viendo resplandecer las arboledas de Arcadia.

Yo era esclavo de la belleza que se disfrutaba desde el pico de diadema de nieve hasta la estrella real,

aún en mi nidada siguen percutiendo las voces, las voces preñadas de las Cosas.

El aquí, el ahora, el vasto abandono a nuestro alrededor,
el delirio del oro, la lucha salvaje, la codicia que nos seduce,

los odios que nos persiguen, nuestros trapos rojos en el parche del edredón de la vida.
Los hombres sin nombre que viajaban por ríos sin nombre,

y en extraños valles saludan a los estraños muertos solitarios,

los sombríos, intrépidos que desentrañarían los misterios que envuelve la zona polar.
A ellos cantaré, y si uno de ustedes permanece en mis páginas en la larga, larga noche,

y en alguna línea solitaria yace un dedo calloso diciendo:

“¡Sí! Es humano de verdad, me golpea bien”,

Entonces daré por bien gastado este trabajo querido,

entonces soñaré un rato contento, contento.
traducción: Hugo Müller

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