Mi obra maestra

Es esbelto, elegante y atado en azul, sus hojas son crujientes y su reborde es dorado,

sus palabras son simples, valientes también, sus pensamientos son tiernos, sabios y audaces.

Sus páginas centellean ingenio, su pathos se aferra a mi garganta:

Oh, ¡cómo amo cada renglón de él! El pequeño libro que nunca escribí.

 

En sueños lo veo alabado y premiado por todos, del labriego a los pares,

su pluma marcada y memorizada, su préstamo (y no devolución, temo),
está desgastado, desgarrado y arrojado al camino, y hasta los oscuros nativos

citan aquel clásico que el mundo ha perdido: el pequeño libro que nunca escribí.
¡Pobre fantasma! Erran al alegrar los hogares, por lastimar corazones incómodos,

no me persigan ahora… ¡Compañeros!, me temo que el fuego de la inspiración está muerto.

Voy por un camino monótono esta noche, porque todo lo que espero y sueño es remoto:

demasiado tarde… un hombre mejor debe escribir aquel pequeño libro que jamás escribí.
traducción: Hugo Müller

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