Los toros

Vi seis toros tan negros como azabache, con cuernos carmesí y ojos ámbar,

que mastican sus bolos sin inquietarse, y chasquean para barrer las moscas,

ignorantes de su pronto sacrificio.
Es el hecho del Corpus Christi, procesiones multitudinarias marchan sobre las vías embanderadas,

las mujeres esperan ante los altares mientras los hombres se unen en himnos de alabanza,

y los niños contemplan con mirada de ángel.
Los toros no saben nada de santidad, sus ojos están ciegos a la devota pompa,

sus brutos cerebros jamás adivinarán las sórdidas pasiones de la humanidad:

pobres inocentes, esperan resignados.
Hasta que en una habitación oscura cada uno es acorralado,

mientras desde abajo con cruel mira hay dos torturadores con lanzas inclinadas

para incitar su fiereza a las llamas, para enviarlos a jugar con el demonio.

Rojos de rabia y enloquecidos de miedo, cargan hacia la alarma rugiente,

contra la burla más cercana del poder del hombre aferran su odio,

en un ciego y fútil embotamiento de sangre.
Y así culmina el día de la unción, seis toros son arrastrados a través de la arena.
La ferocidad y la adoración se mezclan, religión y sed de sangre se toman las manos….

¡Querido Cristo, es difícil de comprender!

 

traducción: Hugo Müller

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