La Nell de McClusky

En el bar Nugget de Mike Maloney el alcohol fluía libre,

y el tuerto Mike estaba agitando los dados con Montreal Maree,
y rugiendo furiosas advertencias cuando los muchachos se excitaban demasiado,

una niña pequeña espiaba a hurtadillas a través de la puerta doble.

Entonces Mike Maloney murmuraba: “¡Diablo! Ahora no es tan mala esa broma,

es la huérfana Nell de papá McClusky buscando a su padre”.

“Y él de espaldas, emborrachándose con Violet de Vere,

tres veces le dije al cerdo mezquino que se mantuviera alejado de aquí.

¡Pobre pequeña chica! El la deja sola, así sigue en sus devaneos:

la arreglaré pronto, a aquella Violet” dijo Montreal Maree.
Ahora me estoy acomodando cuando se trata de un pecado perfumado

pero cuando vi a aquella inocente chica en nuestra oscura cantina,

sentí que quería arrastrarme y esconder mi cabeza de vergüenza.

Y juzgando por sus rasgos todos esos tipos sintieron lo mismo.

Porque allí se pararon como pedazos de madera, olvidándose de cómo jurar,

y cada vaso de licor estaba suspendido en el aire.
Porque con su pelo de seda soleado, sus grandes y pensativos ojos azules

parecía como un ángel salido del paraíso.
Entonces Big Mike, paternal, la sentaba en sus rodillas.
“¡La pobre niña!, ella es tan dulce” dijo Montreal Maree.
La niña estaba muy asustada, la vimos, triste, pálida y puntiaguda,

hizo nido encima del tuerto Mike como si él fuese su padre.

Entonces él comenzó a tirarle del pelo y ella comenzó a llorar,

y había enojo en el aire de toda aquella caterva borracha
cuando un silencio rígido y tenso parecía apuñalar los oídos,

oímos la empalagosa y rasgada risa de Violet de Vere.
Entonces Montreal Maree se levantó y desapareció de nuestra vista,

y pronto escuchamos el sonido de resoplidos sugiriendo una pelea femenina.
Y cuando se reunió con la banda nueva estaba despeinada:

“¡Jesucristo! Arreglé a aquella Violet” dijo Montreal Maree.
Entonces el barman Bill se adelantó con lo que parecía un vaso de leche:

“Es sólo un ponche de huevo, señorita, pero es suave y cremoso como la seda”.

Y mientras la niña lentamente sorbía con mirada de grata sorpresa,

aquellos cincuenta beodos pronunciaron cincuenta felices suspiros.
Entonces Joe Sincopado balanceó su instrumento y comenzó a tocar suave

un tono cuyo ritmo hacía pensar en los narcisos de mayo,

y Botas de goma Jones en tonos solemnes dijo:

“Deberían escucharla cantar, tienen su cabaña al lado de la mía,

y como un pájaro en primavera ella llena aquella vieja cabaña derrumbada con simple melodía”.

“Tal vez cante una canción para nosotros” dijo Montreal Maree.

Ahora no tengo cosas sensibleras, lo lacrimoso no es mi línea,

pero de algún modo el canto de aquella niña estremeció mi columna vertebral,

y todos aquellos salados ebrios suspiraron, y cada ojo estaba ensombrecido,

porque lo que ellá cantó en el bar era sólo un simple himno,

algo sobre “quédate conmigro, rápido cae el atardecer”,

mi madre solía cantarlo, digo, la oía con la vista nublada.
Aquel tiple infantil era tan dulce, tan claro, tan tierno,

parecía agarrarte por el corazón y hacerte cosas extrañas.

Me hizo pensar en los días de la infancia, libres de pecado y lamento:

“Aquella niña, me hacía querer llorar” dijo Montreal Maree.
Entonces habló el tuerto Mike: “¿Por qué la dejamos permanecer con nosotros?

Por el bien de su querida madre tuvimos que sacar a la pequeña afuera.

Ustedes saben que este campamento es una posada de pecado,

ustedes saben que Papá no juega a los dados, pongámosla en un convento,

y la haremos crecer bonita”.
Entonces aquellos barbados ebrios comenzaron a dar vueltas,

se desenterraron y lanzaron sus pepitas grandes y pequeñas.

“Estimo que tenemos mil dólares” –dijo exultante el tuerto Mike,

“Ustedes, bastardos, son un crédito para el campamento de Lucky Strike”.
“¿Vieron esta pequeña cruz de plata que me da mi moza?,

vean, muchachos, la cuelgo sobre mi cuello” dijo Montreal Maree.

El tiempo pasa, aquella pequeña Nell es ahora una famosa estrella,

y aún tuvo su debut como cantante en el bar de Mike Maloney.
Sí, fue en el noventa y ocho que ella tuvo su debut,

y de aquel público hoy quedan sólo dos.

Porque todos aquellos bebedores han pasado valientemente.

Y Lucky Strike sólo es otro fantasma del pueblo hoy.

Pero Nell ahora canta en la ópera, la vimos en La Boheme,

fue en una matiné de alto tono, ¡y digo que fue un sueño!

Y así también lo pensó la dama canosa que se sentó junto a mí,

mi querida esposa que una vez fue llamada Montreal Maree.

 

traducción: Hugo Müller

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