La canción del esclavo del salario

Cuando el largo, largo día se termina, y el Gran Jefe me da mi paga,

espero que no sea el fuego del infierno, como dicen algunas personas.

Y espero que no sea el cielo, con algunas de las personas que encontré,

todo lo que quiero es quietud, sólo descansar y olvidar.

Miren mi rostro, curtido por el trabajo, miren mis manos callosas,

Maestro, he cumplido Tu orden, forjada en Tus varias tierras,

forjada para los pequeños maestros, serán panzones y ricos,

he hecho su deseo por un alquiler diario, y muero como un perro en una zanja.

He usado la fuerza que Tu me has dado, tú sabes que yo no escurro el bulto,

sesenta años de trabajo, Tuyo será el largo trabajo del día.

Y ahora, gran Maestro, estoy quebrado, torcido, herido y estropeado,

pero mantengo mi trabajo, y tú sabes, y tú no me juzgarás duramente.
Tú sabes que mis pecados son varios, y a menudo me hice el loco,

whisky, cartas y mujeres, hicieron de mí la herramienta del diablo.

Yo era sólo como un niño con dinero, lo arrojé lejos con una maldición,

festejando a un parásito adulador, o abarrotando la cartera de una ramera,

luego de vuelta a los bosques arrepentido, de regreso al molino o la mina,

yo, el trabajador de los trabajadores, todo en mi línea.

Cualquier cosa dura menos el trabajo de la cabeza (no tengo más cerebro que un niño),

un bruto con fuerza bruta para trabajar, hacer lo que me ordenaron,

viviendo en campamentos con hombres de pueblo, una vida solitaria y sin amor,

nunca conocí el beso de una querida, nunca la caricia de una esposa.

Un bruto con fuerza bruta para trabajar, y ellos estaban muy por encima,

aún contento iría al patíbulo por una pequeña mirada de amor.

Yo, con la fuerza de dos hombres, salvaje y tímido,

así como atesoraría una mujer, ¡y el dulce, cálido beso de un niño!
Bueno, es Tu mundo, y Tú sabes. Yo blasfemo y mis modos son rudos,

pero viví mi vida como la encontré, y he hecho lo mejor para ser bueno,

yo, el trabajador primitivo, mitad desnudo y sucio hasta los ojos,

sudando en lo profundo de sus zanjas, moviéndome rígido en sus pocilgas,

arrojando bosques hacia adelante, tendiendo puentes sobre corrientes tumultuosas,

abajo en la construcción de zanjas, sobre mí palacios más bellos que en sueños,

soportando la roca hasta el lecho del mineral, conduciendo la carretera a través del pantano,

resuelto, tonto, sin quejas, un hombre en un mundo de hombres.

Maestro, he cumplido mi contrato, forjado en Tus varias tierras,

no me juzgues por mis pecados, sino por el trabajo de mis manos.

Maestro, he hecho Tu orden, y la luz está baja en el oeste,

y el largo, largo desplazamiento se termina… Maestro, lo he ganado: Descanso.
traducción: Hugo Müller

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