La balada de Pete, el piadoso

“El Norte lo ha atrapado” –Yukonism.
Intenté predicar a mi vecino, honesto a Dios, lo hice.

Me apenaba su destino, y temprano y tarde lo cuidaba como a un niño.

Le daba excusa, soportaba su abuso de cada modo en que podía,

juré prevalecer, acampé en su camino, planifiqué y busqué su bien.

De día y noche me esforcé en la visión de los hombres para reunirlo en el redil,

con precepto y oración, con esperanza y desesperación, en hambre, dificultad y frío.

Lo seguí en las Gehennas del pecado, me senté donde se sentaban las sirenas,

en la sombra del polo, por el amor de su alma luché con los poderes del Foso.

Lo perseguí hasta el pueblo escrufuloso, lo arrastré de pendencias disolutas

pero maté al torpé cuando comenzó a disparar electricidad a mis paredes.

Dios sabe lo que hice, debería buscar deshacerse de quien lo salvaría de la vergüenza.

Dios sabe lo que soporté aquella noche cuando juró y me ordenó hacer registros de su reclamo.

Comencé a contar los horrores del infierno cuando de pronto sus ojos estaban encendidos como carbones,

y “déjalo” dice él, “no me persigas con tu canto y tu salvación de almas”.

Juraría que fui tan suave como lo sería con un niño, pero él me llamó hijo de puta,

y agarrando su arma con un salto y una corrida amenazó mi rostro con la culata.
¿Entonces qué podía hacer (lo dejo para ti)? Con maldiciones hostigó,

entonces él estaba solo, y yo estaba solo, y sobre nosotros amenazaba el Norte.
Nuestas cabañas estaban cerca, lo podía ver, lo podía oír, pero entre nosotros ondulaba el arroyo,

y todo a través del verano, con un rencor que creció me hubiese abandonado y nunca hubiese hablado.

Entonces un aliento estremecido, como viniendo de la Muerte, se arrastró desde los picos lejanos,

el agua estaba quieta, el crepúsculo era frío, el cielo era un andrajo de gris.
Veloz vino el Gran Frío, y ópalo y doradas emergieron las luces de las brujas,
el tirano gélido se decidió, y el valle fue rodeado de nieves rígidas y cadavéricas.

Los árboles eran como encajes donde las estrellas fugaces podían cazar, cada hoja era una joya de fuego.

El suave silencio blanco lamía la tierra del norte y nos envolvía en un sueño cristalino,

estaba tan quieto que podía oír claro en mi oído el chasquido de los piñones del tiempo,

tan radiante podía ver, tan llano como podía estar, las alas de los ángeles de Dios brillando.
Como leí en el Libro podía a menudo ver la cabaña justo sobre el arroyo.

Ah, yo, era triste, diabólico y malo, ¡dos vecinos que jamas hablarían!
Sabía que completo como un diablo en el infierno él estaba saliendo, temprano y tarde,

un sistema para soportar a través del aire cubierto de escarcha las cálidas y carmesíes olas de su odio.

Yo sólo podía espiar, estremecerme y temer, siempre estaba tan espantoso y silencioso,

pero sabía que en su solitaria desesperación me estaba maquinando un terrible mal.

Sabía que estaba tramando algo espantoso y malicioso, como el estallido de una llama infernal,

supliqué por un escudo, una mortaja, ¡oh Dios!, entonces vino la calamidad.

¡Loco! Si yo estoy loco entonces tú también estás loco, pero está todo en el punto de vista.

Si miras a las cosas callejeando sobre alas, todo púrpura, verde y azul,

si los ves girar mientras se montan y silban como escorpiones en la oscuridad,

si los ves rebotar con un horrible sonido, y rencorosos escupir una chispa,

si lo viste con espanto, y te chifló junto a tu cama, esa cosa con los creyentes que se arrastran,

deberías haber arreglado al bruto que intentó disparar electricidad a tus paredes.

Oh, algunos eran azules, y se deslizaron bien a través de ellas, eran silenciosos, aplastantes y redondos,

y algunos eran verdes, estaban arrugados y magros, se retorcían con un sonido tan espantoso.

Mi sangre parecía congelarse, caí de rodillas, mi rostro era una mancha blanca de espanto.
Oh, el Verde y el Azul, eran horribles de ver, pero el peor de todos ellos era el Rojo.

Vinieron a través de la puerta, vinieron a través del piso, vinieron a través de los troncos de musgo.
Eran salvajes y calamitosos, tenían patillas de fuego, murmuraban como malamutes.

Me arrugué de miedo mientras se acercaban, y se acercaban y acercaban más.
Y entonces vino la coronación de la sombría corona del Horror, el monstruo tan condenadamente rojo.

Cada ojo era un clavija que disparaba, como un calamar, rezumaba sobre mi cama,

tan suavemente se arrastraba con los creyentes que barrían y temblaban como un fino alambre de cobre,

su pecho era blanco con una luz sulfurosa, sus quijadas babeaban con fuego.

Vino y vino, podía respirar su llama pero no podía ver un pestañeo.
Arrojé en sus fauces la Fuente de la Ley, me defendí con el Libro.

Estaba débil, oh, tan débil, pero me estremecí a su grito mientras salvajemente huía hacia la noche,

y como un muerto descansé hasta el amanecer (¿alguna vez fue tan bienvenida la luz?).
Cargué mi arma al levantarse el sol, suavemente me escabullí a su cabaña.

Mi vecino estaba allí en el aire cargado de escarcha, todo envuelto en una manta en su litera.

Amortiguó sus gemidos, esbozó sus huesos mientras se retorcía débilmente,

sus encías estaban tan negras, sus labios parecían romperse y sus dientes estaban todos desprendiéndose.
Era una cabeza de muerto que espiaba a través de la maraña de barba, era un rostro que jamás olvidaré,

ojos hundidos llenos de dolor, y me atormentaban tanto con sus súplicas y angustia, y aún mientras descansaba mi mirada en una brumosa visión del degenerado espanto y ruina,

pensé en las cosas con las alas de dragón, luego apoyé mi escopeta en su cuello.

El dio un grito que fue fantasmal como un susurro, como un malamute moribundo,

y me dice “Estoy convertido”, dice “¡por el amor de Cristo, Peter, no dispares!”
* * * * *
Me están retirando con una escolta, y bajo el cuidado de un sargento,

estoy humillado de hecho, porque estoy esposado a un sueco que piensa que es millonario.
pero es toda la verdad del Evangelio lo que estoy contando, allá arriba donde la Sombra cae,

que me deshice de Sam Noot cuando comenzó a disparar electricidad a mis paredes.

 

traducción: Hugo Müller

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