Haciendo bien

Ningún hombre puede ser un fracaso si piensa que será un éxito,

puede que no tenga su propio techo de madera sobre su cabeza,

quizá esté en sandalias y haya empeñado su vestido de noche

(financieramente hablando, en rojo), quizá tenga déficit crónico

para pagar la hipoteca del viejo hogar, y esté casi en bancarrota en su negocio,

pero aunque se saltee su cena y cada día se vuelva más flaco

si piensa que es un ganador entonces lo es.

Y cuando digo éxito me refiero al tipo sublimado,

un hombre puede alcanzarlo y aún estar desocupado,

para mí es música del corazón y brillo de la mente,

serenidad y dulzura del alma.

Quizá no tenga un par de dólares que tintineen en sus pantalones,

mucho menos el dinero para comprar un automóvil,

pero a pesar de que la fila que esté cosechando puede ser sombría,

rumbeando sin dios, si piensas que los cielos están brillando, entonces lo estás haciendo.
Porque un hombre pobre puede ser rico y un millonario puede fracasar,

todo depende del punto de vista.

Es la libra de las propinas de tu espíritu el equilibrio de la escalera,

es optimismo, y depende de ti.

Porque lo que imagino como éxito es la simple felicidad,

el consumado contento de tu carácter: puedes trabajar con el cerebro y nervio,

y aunque ganes una pequeña riqueza con ello,

si hay salud y esperanza dentro de ti lo has hecho bien.

 

traducción: Hugo Müller

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