El encanto de las pequeñas voces

Hay un grito que emerge de la soledad, oh, escucha, querida, ¡escucha!

¿Lo escuchaste, le temes, me abrazas por eso?
Estás sollozando en tu sueño, querida, y tus pestañas, cómo brillan

¿Escuchas las pequeñas voces, todas implorando que me vaya?
Todas rogando que te deje. Día y noche imploran, rezan,

en el viento del norte, en el viento del oeste, desde la cumbre y desde la llanura,

día y noche jamás me abandonan, ¿sabes lo que están diciendo?
El fue nuestro antes de que lo tuvieras, y lo queremos una vez más”.
Sí, me desean, están buscándome, los horribles lugares solitarios,
se están quejando y gimoteando como si cada uno tuviera un alma,

están llamando desde el desierto, los vastos espacios de Dios,

las crudas y sombrías soledades, centinelas del Polo.

Extrañan mis pequeñas fogatas, siempre brillando luminosamente,

valientemente en el vientre de la desolación, donde nunca hubo un hombre antes,

por camaradería los he buscado, corazón de león, adorables, soñadores,

y me saludaron como un camarada, y me amaron aún más.
Y ahora están todos llorando, y no me es útil negar que me han hechizado,

y que soy indefenso como un niño, me duele el corazón, pero las escucho durmiendo,

despertándose, es el encanto de las pequeñas voces, es el mandato de lo Salvaje.
Temo decirte, cariño, puedo partir sin amargura, y suavemente

a la hora del sueño apartarme de tu amor.

Oh, es cruel, querida, cruel, y Dios sabe cómo lo lamento,

pero su soledad me está llamando, y él sabe que debo obedecer.

 

traducción: Hugo Müller

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