Camino de poeta

Mi jardín tenía un sendero estrecho con hiedra muy crecida,

un lugar secreto donde uno podía pasear,

una maceta solitaria, lo veo ahora con el ceño fruncido,

hundido en un profundo pensamiento,

a veces él estaba escribiendo, y a veces no.

Solía decir un verso por día, se mantenía preocupado en la puerta,

sin el hedor de la tinta del imprentero, ¡cómo podía ser una carga la vida!
Y así desde el repique del desayuno a la cena dejaría el camino llano,

una alfombra musgosa para sus poéticos pies.

El escribió, me dijeron, de dioses de los hombres viejos y mitológicos,

mucho mejor había cantado, tal vez, sobre gente sencilla de vez en cuando,

con amargura hubiese confesado que su objetivo era demasiado elevado…

Y entonces con dolor lo vi arrojar sus poemas a las llamas.
El se fue un día amargo cuando la muerte estaba en el cielo,

ni una palabra escuché jamás más allá de su último adiós.

¿Se lo llevó la batalla siniestra a la tremenda cólera del cielo?
Oh, ¿escribió su nombre en llamas sobre la noche infernal en vuelo estrellado?

… Bueno, ahí está mi sendero de poeta.

 

traducción: Hugo Müller

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