El vagabundo

I

¡Oh, que bueno es estar libre de pies y corazón!
Sólo mi perro, la pipa y yo, bajo el vasto cielo,

uu sendero para andar y una meta para conquistar,

el camino blanco y la fresca posada, campos para seducir a un muchacho,

primavera clara y estrella quieta, pies de cabestrillo que nunca se desgastan,

zambullida en el valle arbolado, fuego de leña,

nadie a quien apurar, nadie a quien mantener,

montaña florida y pliegues silenciosos, la naturaleza como la imagen de un libro,

hoja risueña y arroyo brillante, cada día una joya reluciente,

establecerse serenamente en la noche, cada noche un santuario sagrado,

radiante para un día divino.

 

Mejilla desgastada y ojo amable, deja pasar al caminante,

amor de mujer y corazón anhelante, dejen que el gitano parta.

Porque la lejanía y el camino son su gloria y su estímulo.

Oh, ¡el canto de juventud y primavera! Los ojos ríen y los labios cantan.

Sí, ¡pero es bueno estar libre de pies y corazón!

II
¡Aún qué bueno es volver por fin a casa, casa, casa!
En el trébol se balancea la abeja, arriba el árbol robusto,

el cielo turquesa brilla a través de él, allí resplandece el azul del lago.
En una hamaca me he de balancear, cansado de vagar,

cansado de las tierras salvajes, inciertas, rostros extraños, manos desfallecientes.

¿El mundo maravilloso se ha vuelto frío?, ¿me estoy volviendo viejo, viejo?
Gris y cansado… déjenme soñar, me deslizo en la tranquila corriente.

¡Oh, qué días dvertidos tuve, alegres, fervientes, llenos de contento!
Pero aquí viene un cambio sutil, dejen que el joven vague, oscile.

Del dulce vagabundeo viene el dulce cansancio, después de todo el hogar es lo mejor.

Y si hay un poco de amor de mujer en él estaré contento de la vida,

con la bendición de Dios y bien gastada…

¡Oh, pero qué bueno es estar libre de pies y corazón!

¡Pero qué bueno es venir por fin a casa, casa, casa!

 

traducción: Hugo Müller

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