El soñador

El hombre solitario contempló y contempló su oro,

su sudor, su sangre, el jornal de días cansadores,

pero ahora cuán dulce, cuán doblemente dulce mantener

todo alegre y brillante al resplandor de la fogata.

El cielo de la tarde estaba frío y siniestro,

los sauces se estremecieron, fatigosa yacía la nieve,

la tierra inmisericorde, tan vieja, tan gris, tan desgastada,

tan avara en su aflicción, espiaba a través de su raído sudario.

El hombre solitario suspiró, vertió el polvo vulgar en su bolsa,

contempló el río hirviente con ojos tristes,

cargando su pipa de cuerno como si fuera a fumar,

luego aplastado por el cansancio y el esfuerzo

se arrastró a su túnica harapienta y velozmente se durmió.
. . . . .
Pasaron hora tras hora, una sombra se deslizó desde la vastedad de sombra

a las llamas de la fogata, agarrando un rifle con un objetivo mortal,

un hombre peludo y lúgubre con ojos de lobo…
* * * * * * *
El durmiente soñó y ¡sí!, éste fue su sueño:

galopaba sobre un caballo a través de un páramo.

De pronto, de la noche negra como un pozo el brillo de una luz

le mostró una posada a la vera del camino, pobre y abandonada.

Un huésped malhumorado desbloqueó la puerta chirriante,

y lo condujo a una habitación oscura y espantosa

donde se sentó y se asomó al fuego,

así aquellas extrañas sombras se sacudieron a través de la oscuridad.

Ordenó vino. ¡A solicitud de la sangre!, pero estaba cansado.
¡Qué importa! Charles estaba aplastado y George era el Rey,

¡Su partido alto en el poder, cómo él había aspirado!
Guineas rojas empacaron su bolso, demasiado apretadas para sonar.

La luz del fuego brillaba sobre sus medias de seda,

sus hebillas de plata y su peluca empolvada.

¡Pero sí, más vino! Bebió, lentamente se levantó.

¿Qué hizo que las sombras danzaran aquella plantilla loca?
Agarró la vela, se dirigió a la cama y en un santiamén estaba durmiendo como los muertos.

. . . . .
A través de la habitación se arrastraba una sombra suave,

su malhumorado huésped, con un cuchillo desnudo brillando

(un hombre peludo y lúgubre con ojos de lobo)…

Y mientras se acostó, el durmiente soñó un sueño.
* * * * * *
Era una tierra violenta, un día salvaje.

Un príncipe rival estaba sentado en su trono,

dentro de un calabozo, oscuro y sucio estaba acostado,

con cadenas que golpeaban y ulceraban el hueso.

Lo detuvieron con dureza en una habitación abovedada,

donde Uno lo contempló con ojos malignos,

y en aquel rostro diabólico leyó su condena,

sabiendo que cerca de la luz del amanecer debía morir.
Bueno, él estaba agobiado por el dolor,

dejen que vengan sus preciados asesinos para hacer su trabajo sangriento.
Su reino perdido, aún así moriría como Rey,

sin temor y orgulloso, como cuando enfrentó al Turco.

¡Ah, Dios, la gloria de aquella gran Cruzada!
¡el pomposo estandarte, el brillo, el espléndido impulso!
¡El choque del humeante combate, espada contra espada!
¡Las filas tambaleantes en oleadas, ávidas de sangre!
Por mucho tiempo pensó, luego sintió arrastrarse sobre él un vasto cansancio,

cayó en un sueño.
. . . . .
La puerta de la celda se abrió, suave vino el jefe,

en su mano brillaba una poderosa hacha,
(un hombre peludo y lúgubre con ojos de lobo)…

y mientras se acostó, el durmiente soñó un sueño.
* * * * * *
Era en una tierra descuidada del rojo amanecer de la vida,

donde en su cueva de arena él vivía solo,

durmiento de día, o a veces trabajando sobre

sus flechas con cabeza de pedernal y sus cuchillos de piedra,

por la noche robaba y mató al salvaje jabalí,

así se asomó como un cazador de fama ruidosa,

y llevaba muchas pieles de lobo y de gato salvaje,

y muchas flechas de pedernal se contaron en su nombre,

por donde caminaba la envidia de la banda,
odiado y temido, pero sin igual en su habilidad.

¡Hasta que sí!, una noche profunda en aquella tierra tupida,

persiguió a un oso añoso e hizo su matanza,

luego se vistió y descansó junto a una corriente

y se hundió en un sueño demasiado profundo para soñar.
. . . . .
Cazando su comida un rival carernícola se arrastró

a través de aquella oscuridad de los bosques, y marcó donde él se acostaba,

se cubrió y deslizó sobre él mientras dormía,

levantando una poderosa piedra para matar

(un hombre peludo y lúgubre con ojos de lobo)…

* * * * * *
La gran piedra se estrelló. El soñador aulló y se despertó,

y vio, cegado de pánico, en su celda goteante,

un hombre peludo y lúgubre que con un golpe

balanceó una gran hacha de acero que titiló y cayó…

así se despertó en medio de su oscura habitación,

y miró, el pelo revuelto, un cuchillo sediento, desnudo,

un hombre peludo y lúgubre con ojos de condena,

y luego la espada se hundió para tomar su vida…

Entonces se despertó, se arrancó la túnica y miró,

y vio junto a su advenedizo fuego agonizante

un hombre lúgubre y peludo con dedos retorcidos

un rifle sonó, una bala buscó su cabeza…
* * * * * *
El cielo de la mañana estaba frío y siniestro.

Grotesco el soñador se desparramó y no se levantó.

Por mucho tiempo contemplo algún oro

un hombre peludo y lúgubre con ojos de lobo.

 

traducción: Hugo Müller

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