Toque de naturaleza

En las clases de jardín de infantes no les gustaba que supieran,
y mientras pasaron los años crecieron y crecieron,
hasta que en la edad de casarse cada una buscó un compañero,
entonces el veneno en su carácter era casi odio.

Aprendieron los placeres del amor y se casaron,
aún cuando lo encontraron cada una volteó una cabeza,
cada una fue por su enojadizo camino con maldiciones enmudecidas
hasta que un día se encontraron con cochecitos de bebé.

¡Entonces sí! Fue barrido el desprecio de años,
con las manos agarradas casi lloraron con lágrimas gentiles.
Olvidando los días de odio, toda madre apacible
prodigará tiernos elogios a los bebés de sus compañeras.

Y ahora hablan de leche, pañales y cosas así,
del suave pecho del bebé y lo tierno que es tocarlo.
Una chica y un muchacho como gemas, con la esperanza inexpresada,
cada una piensa con alegría de madre: ‘¡Estos deberían casarse!’

traducción: Hugo Müller

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *