Muchacha sentada en baile

Hasta la medianoche maneja su aguja para terminar su hermoso vestido rosa,
“oh, te bendigo, mi querido” suspiró ella, “espero que seas un éxito”.
Mientras ingresaba al salón de fiestas con la tímida emoción del romance juvenil se sentía como la bella del baile pero… nadie la sacó a bailar.

El programa estaba atrapado en su mano, su sonrisa era un poquito pálida,
ella escuchaba, aplaudiendo a la banda, pretendiendo que le gustaba mirar.
Cada chica tenía su pretendiente favorito, las observó retirarse y avanzar,
ella esperó y esperó en vano, pero nadie le pidió danzar.

Madre me dijo: “Estarás de acuerdo en que cada muchacha que usa anteojos,
no importa lo inteligente que sea, le faltará glamour para el sexo”.
Yo dije: “Hay una junto a la pared que parece no haber tenido una oportunidad.
Está lista para llorar, arruinalo todo, le voy a preguntar si quiere bailar”.

La atrapé cuando se deslizaba afuera tan silenciosamente que nadie la hubiese notado,
pero valientemente ella intentó parecer divertida,
aunque su corazón debía estar doliéndole de pena.
¡Pobre chica! Parecía de sólo dieciseis, y me miró medio atemorizada
cuando la saludé como si fuera una reina, y le rogué: “¿Me concede esta pieza?”

Ella me dio su tarjeta: ¡qué decepción! Ella escribió: “Señor G.” y “Señor G”
Así que corté aquella cosa de Galahad y garabateé “M.E” y “M.E”,
ella se veía tan abandonada y frágil, sometiéndose como alguien en trance,
así que actué como el galán conquistador, y la guié en la danza.

¡Entonces sí! Para mi alegría y sorpresa, su vals era divino,
y se sacó los malditos anteojos y contemplé sus ojos que brillaban como joyas,
no tenía rouge ni los labios pintados, pero ningún polvo o pintura
podría mejorar sus cachetes que parecían dos rosas brillantes
mientras bailé con ella danza tras danza.

Entonces de pronto supe, mientras bailamos el vals y giramos por el salón,
que todos los ojos nos observaban, y que ella era la bella del salón.
Los compañeros vinieron zumbando como abejas, con postura arrogante y pavoneándose,
pero su programa estaba lleno de “M.E.”s, así que no pudo ofrecerles una pieza.

Madre dijo: “Has sido un buen muchacho, pero la has pasado muy bien, supongo.
Has llenado de alegría el corazón de aquella muchacha,
desde ahora tendrá un montón de pretendientes bellos…”.
Así amigos, por favor escúchenme: no miren a una chica de reojo,
si ven a una muchacha sentada sola sólo salúden, sonrían y ruéguenle por una pieza.

traducción: Hugo Müller

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