Fuera la ONU de Somalia

Hace décadas que la ONU viene demostrando ampliamente su impericia, negligencia y torpeza para ejercer su rol de ente pacificador de los conflictos intra e interestatales. Los desastres que ha ocasionado en 2018 se cuentan por docenas, los escándalos de corrupción y depravación sexual en que se han visto envueltos varios funcionarios estuvieron a la orden del día. ¿De qué se trata ese rejunte de diplomáticos que se caracterizan por ser burgueses de porquería?
No vamos a enumerar ni repasar las trastadas y traspiés de sus “intervenciones humanitarias”, nos vamos a focalizar en el fracaso de sus acciones en Somalia, país peligroso y delicado si los hay… La buena noticia es que el gobierno de Mohamed Abdullahi Farmaajo le pidió a Nicholas Haysom, enviado especial del secretario general de la ONU que se retirara inmediatamente de Somalia luego de acusarlo de “interferir en los asuntos internos del país”.
El primer ministro Hassan Ali Khaire declaró a Haysom persona non grata. “Aquí nadie lo convocó y se le ha quitado el permiso para trabajar en el país” –aclaró el calmo, calvo y bello ministro, fiel exponente de su raza.
La movida comenzó sólo unos días después de que el embajador de la ONU le enviara una carta al ministro de seguridad interna cuestionando la legalidad del arresto de Mukhtar Robow, un ex líder del grupo terrorista al-Shabaab, en Baidoa a fines de 2018. Las causas que lo motivaron a realizar tal cuestionamiento son evidentes para el analista más simplista: su organización, principalmente guiada por Estados Unidos, es la encargada de financiar (y luego actuar de que las persigue) a estas organizaciones criminales que operan en Medio Oriente y Africa. El arresto de Robow despertó protestas en la mencionada ciudad, donde 15 civiles fueron asesinados por las fuerzas de seguridad somalíes (apoyadas por la ONU) y 300 detenidos, la mayoría menores de edad.
Haysom inquirió al gobierno las medidas adoptadas para evitar daños en la población civil y los urgió a investigar en forma precisa y urgente para hallar a los responsables de los asesinatos y avasallamientos a inocentes creyentes en la prédica del líder alshaabista.
Ahmed Isse Awad, el ministro de relaciones exteriores aclaró en conferencia pública que Haysom ha cometido varios errores y ha hablado con la prensa declarando cualquier gansada, sin consultar jamás a los representantes del gobierno. “La gota que rebalsó el vaso fue la carta que le envío a mi colega, dirigiéndose a él en un tono absolutamente inapropiado, como si fuera un dependiente o un criado suyo, ¿quién carajo se cree que es?” se despachó el flemático funcionario somalí, firme como un pirata embravecido. Envalentonado con los aplausos de la audiencia (miles de ciudadanos somalíes pedestres), Awad (que es la antítesis de Aguad), prosiguió:
“No tenemos problema con la oficina de la ONU en Mogadiscio, es sólo un hombre que quizá creyó que era el regidor de Somalia y le dijeron que no lo era y que tiene que abandonar el país. El resto del personal se comporta de acuedo con el protocolo de la organización y las leyes de nuestro país”.
Robow, líder y diputado del partido opositor, había sido expulsado de al-Shabaab en 2017. Cuando Estados Unidos ofreció una recompensa de 5 millones de dólares por su captura en agosto pasado las autoridades lo invitaron a refugiarse en la capital. Sin embargo, el gobierno le prohibió competir en una elección regional cuando anunció su candidatura y enseguida lo arrestó. Lo acusaron de traer combatientes a Baidoa, donde cuenta con el apoyo de su clan.
Somalia es un gran kilombo de tribus, clanes, regiones y razas que guerrean y se odian entre sí, y que pretenden autonomizarse del gobierno federal. Por ello, algunos ancianos y pacíficos residentes salieron a las calles a expresar su lamento y desaliento por la decisión del gobierno de Farmaajo. En contrapartida, varios ciudadanos somalíes a los que les interesa pertenecer a un estado soberano, manifestaron su regocijo en las redes sociales y acusaron a la intervención extranjera de la larga inestabilidad política del país. Además, no es un detalle menor que en 2019 más de 4 millones de somalíes requerirán asistencia humanitaria y corren serios riesgos de perecer de hambre. La incógnita es qué ocurrirá con Robow y cómo se saneará la economía somalí. Por el momento, los negros musulmanes parecen estar hartos de la supervisión y vigilancia yanqui-europea, y de los alardes imperialistas de los representantes de la ONU, y esto es un buen indicio para empezar a solucionar los terribles problemas de sequía que afectan al país.

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