Escuela huérfana

Una mañana de verano escuché cantar a cincuenta alegres muchachas,
y cada una era como un pájaro regocijado, con clara voz primaveral.
Era una vieja canción de un soldado que mantenía felices sus voces,
¡oh, qué bueno es balancearse cuando la juventud celebra!

¡Entonces sí! Soñé por mucho tiempo los años idos,
pasaron de nuevo desaliñadas.
Sus espaldas estaban inclinadas, sus mejillas pálidas, sus ojos contemplaban tristemente.
Sus filas estaban bastante diezmadas por la cosecha sin remordimientos de la muerte,
sus pasos eran lentos, ya no cantaban, no, algunas estaban llorando.

¡Sueño oscuroI Vi a mis muchachas hoy cantando tan inocentemente,
sus ojos estaban dichosos y animados, me miraron tan gentilmente.
Yo pensé: Sean felices en su juventud con corazones indecorosos:
¡Agradezcan a Dios no saber la verdad de la ruina de la vida!

traducción: Hugo Muleta

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