El retorno

Lo soltaron, él saludo con su cabeza, un felón, inclinado y gris.
Su rostro era incluso como los muertos, no tenía una palabra para decir.

El buscó la casa de su antiguo amor para verla una vez más,
y donde sus rosas respiraban arriba se acurrucó junto a la puerta.
Ella estaba sentada allí en la habitación brillante, su pelo era gris plateado.
El miró y miró desde la oscuridad, giró para irse.
Sus rosas susurraron por encima de su cabeza.
Ella vio con súbita salida. “Sabía que vendrías” dijo,
y lo mantuvo en su corazón.
Su rostro estaba arrebatado con la dulzura de un ángel,
ella tocó su pelo gris…
Pero él, a sus pies, sacudido por el sollozo
sólo podía orar y orar.

traducción: Hugo Müller

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