Tranquilismo

Me llamo un tranquilista, existo con profundo desapego,
libre de fricción, mientras otros cortejan a la dorada multitud
y aman las mujeres, el vino y la canción, desprecio las tres.
Porque he alcanzado la edad sobrio,
cuando prefiero dar vuelta una página junto al fuego,
y del ocupado mercado de hombres retirarme con gracia
al libro y la lapicera meditativa.

Si anhelas paz en tu mente, en el tranquilismo encontrarás filosofía,
serenamente enrolla tus manos y espera enclaustrado en calma
lo que sea el destino que los dioses han decretado para ti.
Y aunque el mundo sea alquilado con rabia
manténlo lejos y busca contentarte con el corazón quieto,
no puedes hacer mucho para mejorarlo,
pero tu buena voluntad puede ayudar un poco antes de tu partida.

Así, deja a nosotros que somos viejos y marchitos,
romper en la batalla y cerrar la oreja,
y la trompeta vana, aunque de ningún modo monástico
acepto el bálsamo de soledad y reconquistar la gracia.
Deja que seamos tranquilistas e intentemos en plácidos lugares
aplicar a la conquista de la sabiduría de la Vida,
en la gratificación de la naturaleza deberíamos bendecir a los dioses
y esperar con agradecimiento nuestra puesta de sol.

traducción: Hugo Müller

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