Sudán: ¿primera revolución de 2019?

Sudan es un país convulsionado. Manifestantes nocturnos cantan que quieren acabar con el gobierno despótico de Omar al-Bashir, que cada vez se ve más sacudido por las protestas que se iniciaron hace diez días por la desmesurada alza del precio del pan, que se triplicó de un día para el otro, generando la furia de hordas hambrientas y enardecidas. Todo comenzó en la ciudad oriental de Atbara, y desde allí se propagó a la capital Kartun, Port Sudan y Madani, donde los organizadores de las revueltas han dicho que no se detendrán hasta que las autoridades den marcha atrás y repartan alimentos a un precio razonable.
Las fuerzas represivas de Bashir han respondido severamente y han matado a más de 60 personas en la última semana del año. En Omdurman la policía se ensañó con un grupo de fanáticos adoradores de Alá y nueve líderes opositores fueron arrestados. La presidencia de más de 20 años de Bashir se caracterizó por la continua guerra civil y el saqueo de sus familiares y amigos a los tesoros públicos de la nación.
En Atbara, bañada por las sagradas aguas del Nilo, los manifestantes encolerizados quemaron las oficinas del partido de Bashir. Las imágenes de los agitadores muestran una mayoría de mujeres, adolescentes y estudiantes entre los más enconados piromaníacos.
Amjed Farid, corresponsal de Maldita Realidad en el país africano y autor de esta reseña, estuvo detenido en una cárcel sudanesa durante el primer semestre del año que expira, y sabe de lo que está hablando. Según cifras de la ONU, Bashir es uno de los principales compradores de armas a Estados Unidos y Francia, países que han “alimentado” las guerras por él provocadas, al punto de que el 90% del presupuesto nacional se utiliza para la adquisición de armamento pesado, un 8% a la ingeniería de una estructura de lavado de dinero, y el 2% restante a educación, salud y servicios sociales. La crisis económica es de naturaleza política, y ha sido ocasionada por la corrupción y el desmanejo de Bashir, que han llevado a una situación peor que calamitosa, careciendo la mayor parte de la población de agua potable, pan y combustible. Los que protestan, se puede asegurar, están desesperados y dispuestos a inmolarse para derrocar de una puta vez al tirano sudanés.
Aunque avezados analistas internacionales consideran que lo que sucede aquí forma parte del resurgimiento de la Primavera Arabe, lo cierto es que Sudán cuenta con antecedentes donde movilizaciones populares culminaron con regímenes sangrientos, como ocurrió en la revolución de octubre de 1964 y en la intifada de Abril de 1985, por lo cual los expertos locales vaticinan que fácilmente la historia se puede repetir.
Bashir ha sido imputado por la corte penal internacional por cargos de genocidio, exterminio de aldeas, asesinatos, violación, tortura y una larga lista de crímenes cometidos en Darfur, pero ha logrado zafar de las garras del lawfare europeo que pretende hacer justicia en Africa. El fin de semana, en la boda de una sobrina, fue repudiado y abucheado por los curiosos que siempre merodean en eventos de esta naturaleza. “Andate, Bashir” le gritaron algunos manifestantes trepados a árboles de gran tamaño. El presidente ordenó dispararles antes de retirarse ofuscado de la ceremonia, y ordenar la interrupción del servicio de Internet en todo el país.
El día de navidad, el ejército de Bashir detuvo al estudiante de letras Abdelrahman Alsadig, lo condujo a un centro de torturas para luego arrojarlo a los cocodrilos del Nilo; todo ello con brutal impunidad y ante la vista de cientos de testigos.
A nivel internacional, Sudán goza de fama de ser un país clave en la detención de las marejadas de inmigrantes subsaharianos que ponen los pelos de punta a las derechas gobernantes vernáculas en Europa. Por ese motivo, ha mantenido relaciones aceitadas con los europeos, a pesar de las persecusiones judiciales que se montan para “la gilada”. Hasta Estados Unidos lo protege y le ha levantado varios embargos, granjeándose Bashir con sus métodos siniestros y mafiosos la simpatía del mandamás Trump. A pesar de este apoyo, su permanencia en el poder se advierte inestable, ya que resulta jodido gobernar un país de 40 millones de habitantes que lo repudian y detestan abiertamente. Lo que se debe evitar es que se imponga de afuera una democracia que hace milagros mediante elecciones amañadas en las cuales suelen imponerse por márgenes imposibles los más grandes hijos de puta de este planeta.

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