Las palomas de San Marcos

Algo está mal en la tierra de la Paloma, ya no es como solía ser
cuando el peregrino, maíz en mano, nos escoltaba con riente alegría,
cuando canturreábamos con las alas enrolladas, las palomas más tiernas en el mundo.

Cuando marcamos cada brazo y hombro, jamás estimando al hombre como una amenaza,
aves rudas nunca fueron más audaces que nuestras delicadas palomas de Venecia:
quién hubiese creído que una paloma podría volverse salvaje como un pato.

Bueno, sólo culpen a la Guerra, cuando los venecianos adelgazaron,
y manos demacradas nos hubiesen agarrado para la suculencia de servir una cena…
Cómo nuestros números rápidamente se hicieron escasos mientras perecíamos en un pincho.

Papá y mamá se fueron así, cuando el turista hace su parada, en su sombrero Brosolino,
suave como amor susurrado aterrizo,
luego con arrullos de vocales líquidas evacuo mis bolos.

Hay algo mal en la tierra de la Paloma, ya no creemos más en la humanidad,
encogiéndose desde la mano tendida, recogemos nuestro maíz del polvo,
mientras en la mollera del inocente peregrino, pensando en aquella dulce revancha,
suavemente canturreo mi himno de odio, dejo caer mi tributo y me bato en retirada.

traducción: Hugo Müller

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