La odisea de Herbert Higgins

Ed, yo y una camilla afuera en el terreno natural
(si hay un cadáver, apuesto que hay cientos oliendo alrededor).
Eddie O’Brian y yo, ambos de la RAMC ,
“Es una noche infernal para que un alma tome vuelo” –remarca Eddie.
Ed y yo arrastrándonos a casa, pensando que nuestro trabajo está hecho,
cuando de pronto y claro, qué escuchamos: el aullido de un herido.

“Tenemos que llevarlo” chasquea Eddy, “tenemos que llevar todo lo que podamos.
Puede ser un alemán, con el corazón de un gusano pero ¡diablos!, ¿no es un hombre?”
Así pega arreglando un vendaje (siempre ha sido un médico mañoso),
cuando aquella herida cerró rodó a su escopeta y enchufé a mi compañero en la espalda.

Ahora, ¿ustedes qué harían?, les pregunto. Allí estaba mi compañero asesinado.
Allí estaba aquel alemán (recogí su arma), un gruñido está lleno de odio.
¿Qué hice? Aquí, suspirar…
Tenía una pelada brillante, pero cuando me acerqué
entre tú y yo había algo horrible, rojo y con dientes.

“Eddy, colgaba como una lapa. ¡Gracias a Dios!, no estás muerto después de todo”.
Es lento, y es seguro y firme (es duro, grande para siempre y yo soy pequeño).
Los cohetes disparados brillan, llueve una marea que perece,
las balas están silbando y resoplando,
y estoy metido hasta el trasero en el barro,
hay todo tipo de aullidos y disparos,
está oscuro como un barril de alquitrán,
oh, estoy haciendo mi movimiento pero estoy teniendo un ataque,
y desearía estar en casa con María.

“Pégate como el yeso, Eddy. Viejo compañero, estás aflojando el manubrio”.
¡Dios! Pero ya estoy grogui, ¡mis pies, cómo se resbalan y deslizan!
Ahí va el bufido de una bala. Los alemanes nos toman por fáciles.
Otra más, ¡uau, el hijo de puta!
Se arregló para errar por un pelo.
¡Uh! ¿Qué me ha golpeado en la espalda?
Le hice una llave. Era Eddy o yo, ¿quién estaba sangrando tan libremente?
¡Cristo!, pero es largo el camino a la trinchera.
No soy tan fuerte como un germano, y Ed no es un joven moderno por lejos,
soy culplable si comprendiera cómo nos arreglamos para estar donde estamos.
Pero aquí por un poco de respiro.
“Firme allí, Ed, viejo compañero, está todo bien, es una lucha infernal,
¿pero somos flojos de corazón? ¡No!”

Ahora, la guerra es una cosa divertida, ¿no lo es?
Es el tipo de rumor más extendido. Porque cuando es más real
es entonces cuando sientes que estás viendo una película en el cine.
Aquí estoy con un asistente de barbero, ¡ey, presto!, es algún lugar de Francia
y estoy en una mazmorra donde bate una caja de carbón, y es todo como un frívolo romance.

Los rubicundos están escupiendo fuego rápido, los pesados están bramando odio,
y aquí estoy casualmente sentado y sosteniendo la cabeza de mi compañero.
Entonces los explosivos verdes brillan fantasmalmente, las ráfagas caen como lluvia,
y estoy diciendo: “Herbert Higgins, estás soñando, y te despertarás en la cabecera nuevamente.
Te despertarás y te escucharás decir:
Quiere, señor, un shampú en vez de esparcir su sangre en la lluvia y el barro,
que es de algún modo lo más correcto para hacer,
que es de algún modo el deber de sus ojos canosos,
estás haciéndolo lo mejor que puedes, por la cabecera,
y el hogar y la belleza, y has estado y has matado a un hombre.

Un segador ha punzado a tu compañero, oh, lo golpeaste fuerte en la cabeza,
y aún ves sus ojos contemplando aturdidos al cielo,
e incluso no estás apenado de su muerte.
Pero deseas volver a tus excavaciones, dormido en tu cómoda vieja litera.
Oh, estás haciendo tu movimiento, Herbert Higgins,
pero simplemente no estás disfrutando la guerra”.

“Colgado como un pulpo, Eddy.
Somos nosotros para el cinturón de la bomba nuevamente.
Excepto por la metralla que me tiene al borde del acecho,
me siento tan bien como la lluvia.
Son mis viejos tontos pies que se están resbalando,
está tan oscuro como la antesala del infierno,
pero no me descuidaré, mi compañero, te conduciré adentro.
Son mis viejos tontos pies los que se están tambaleando,
las balas zumban como abejas.
Mi espalda está roja y caliente, y estoy sangrando un montón,
y mis piernas flaquean sobre las rodillas.
Pero nos estamos tambaleando cada vez más cerca.
Sólo pégate, viejo compañero, juega el juego.

Fui llegando por el camino despejado a nuestras trincheras que estaban ardiendo.
Oh, nos caíamos cada vez más cerca. ¡Colgado allí, compañero!
Sólo un intento más. ¿Dijiste bajarte? ¡Maldita sea, señor, no!
Te llevaré adentro si muero. ¡Por loco!
Viejo compañero, nos han visto. Están enviando camillas para dos.
Avisémosles entre nosotros (colgados con suerte no somos registrados).

Mi brazo está triturado como una gelatina.
Una bala ha cosquilleado tu bazo.
Derramamos montones de sangre y estamos derramando más,
¡pero que ocasión ha sido ésta!
¡Sí! Aquí viene el equipo de rescate.
Se están arrastrando cautos y lentos.
¡Vengan! Date vuelta y salúdalos, mi querido,
espalda contra espalda, así.
No deben pensar que estamos bajoneados.
Viejo compañero, nunca fuimos flojos de corazón.
Si nos hieren, si fuimos flojos de corazón, aullaremos en sus rostros: ¡Noooo!”

traducción: Hugo Müller

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