La dictadura de JOH sigue adelante rumbo al desastre y la despoblación

Este artículo se elaboró con la inestimable colaboración de la OFRANEH (Organización Fraternal Negra Hondureña).
La permanente crisis del “laboratorio político” conocido como Honduras, tiende cada día a ser más grave y complicada ante la debacle que ha surgido como consecuencia de la inocultable narcoactividad de funcionarios del gobierno de JOH y el apoyo político brindado por Estados Unidos a una de sus colonias preferidas de su “sucio patio trasero”, en términos trumpistas.
La denominada “caravana de migrantes” es apenas una muestra, como se dice vulgarmente “un botón”, en el éxodo permanente de los estados fallidos centroamericanos, caracterizados por sus altos índices de corrupción, violencia y desempleo, además de estar asolados por el narcotráfico, en el ya reconocido triángulo de la muerte que abraza a todo el subcontinente excepto la heroica isla de Cuba.
En medio del fracaso –afrontado con desfachatez por las autoridades- de la vetusta guerra contra las drogas, Honduras -país que en los últimos años ha formado parte vital de la “ruta de la coca”, gracias al trabajo incansable de la élite político empresarial gobernante, que han puesto a las fuerzas de seguridad –militares y policiales- al servicio de los carteles colombianos, mexicanos y el exclusivo de la DEA –principal cartel del mundo, pocas veces denunciado-).
Como si fueran pocos los escándalos que surgen del contubernio entre políticos y crimen organizado, el Estado de Honduras en su delegación ante el Comité para la Erradicación del Racismo y la Discriminación (CERD) incluyó al “honorable” diputado Oscar Nájera, el que aparentemente fue incluido por el Congreso de los Estados Unidos en la lista Magnizky, derivada del Acta Global Magnitsky de Rendición de Cuentas sobre Derechos Humanos.
La concreción del proyecto neocolonial de las Ciudades Modelo (ZEDE), financiado por multimillonarios canadienses, y respaldado e impulsado por JOH a pesar de haber sido declarado anticonstitucional, da cuenta de la tercerización de la justicia, la seguridad y nuevas formas de gobernanza, elementos que diferencia a las ZEDE de las Zonas Económicas Especiales, las cuales se originaron en China y ahora pululan en todo el planeta. La catastrófica situación que atraviesa Honduras en lo que respecta a la administración y aplicación de justicia, la inequidad económica, y las violaciones a los derechos humanos, no se resuelven con la creación de estados cuasi independientes –donde vivirá una élite aristocrática, que es la que hoy gobierna, con los millonarios canadienses de vecinos-, especialmente si se tiene en cuenta la simbiosis existente hoy en Honduras entre gobierno y crimen organizado. De hecho, JOH ha logrado desalojar a 20 comunidades garifunas y está desarrollando “guerras de baja intensidad que han causado más de un centenar de campesinos indígenas asesinados por fuerzas de seguridad, guardias privados y bandas paramilitares.
Un elemento a considerar es la estrecha relación de JOH con el ex narcopresidente paramilitar colombiano Alvaro Uribe Vélez, habiendo surgido como uno de sus lacayos, a lo largo de su trayectoria como políticos se han deparado alabanzas y elogios de vejetes chotos. El arresto del hermano del presidente hondureño en Estados Unidos no causó sorpresa, pues se sabe que el narcotráfico es un asunto importante de la familia Hernández.
Si se toma en cuenta la experiencia guatemalteca, se observa allí que el ex presidente militar Otto Pérez –otro ídolo íntimo de JOH- ha dejado un descalabro tal que su sucesión no pudo lograr cambio alguno, más allá de una rotación de carteles que vienen saqueando el país durante décadas. Es que la gran cantidad de migrantes que comienzan a amontonarse en la frontera estadounidense no es más que el resultado de las políticas neoliberales que han propiciado la entrega de los países, la corrupción y el apadrinamiento estadounidense de narcopresidentes afines a los intereses del cartel imperial, que es el de la DEA. Todo parece indicar que en el siglo XXI, “democracia”, corrupción y gobernabilidad, van de la mano, siempre y cuando se cuente con el apoyo de Estados Unidos (OFRANEH, 2018).

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