El viejo general

Para complacer a la pequeña Anabel,
(careciendo de gracia, les garantizo),
el abuelo se puso en cuatro patas haciendo de elefante.
Anabel grita con deleite, rebotando sobre su espalda arriba y abajo,
y sosteniéndose fuerte a su vestimenta.

Mientras ruedan y giran jugando alrededor de la habitación
brilla el sol y una canción hiere la tristeza de diciembre.
Ya no escuchamos los gemidos del abuelo,
se calla de la barba para adentro,
mientras sus viejos huesos reumáticos le duelen a cada zancada.

Había conocido sus días dorados, soldado con los mejores,
y para probar el halago de la gente las medallas brillaban en su pecho.
Y aunque cantamos a su renombre,
¡cómo lo amamos cuando hace de elefante sólo para Anabel!

traducción: Hugo Müller

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