El maestro perdido

“Y cuando me vaya a morir” dijo él,
“no deberían dejarme afuera en ese estado,
ni dejar sus laureles en mi cabeza,
ni causar que los hombres de discurso oren,
su obsequio no debería ser un monumento,
ni una columna en el Salón de la Fama,
sólo esta línea quiero que graben para mí: ‘El jugó el juego’”.

Así, cuando su gloriosa tarea fue realizada,
no pensamos en su fama, no pensamos en las batallas que ganó
sino en el orgullo con el que peleó, en su celo, su resonante risa,
su mordaz desprecio de la alabanza o la culpa:
y así grabamos su epitafio “El jugó el juego”.

Y así nosotros también, de las más humildes maneras,
seguimos adelante para luchar y renovarnos en la lucha,
y sin prestar atención a la culpa o la alabanza
sostuvimos el camino que él nos indicó verdadero.
Y también nosotros luchamos por la lucha misma,
y aunque salgamos derrotados, y aunque nuestros tormentosos corazones se quiebren,
no seremos la vergüenza de nuestro Maestro:
Jugaremos al juego, gracias a Dios, jugaremos el juego.

traducción: Hugo Müller

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