El contraste

Señora gorda, en su silla de ruedas,
preparada para tocar con la banda,
miras arrogantemente con tus lentes en la mano.
Oh, cómo difieres de la dama tan raída, demacrada y gris,
con piernas reumáticamente cojas, que te guían en su camino.

No, dama enjoyada, no mire hacia atrás a menos que sea una molestia
para ver a la enclenque bruja de negro que la impulsa para subir a la vereda.
Por supuesto sé que la obtiene barato, dado que ella es una dama también.
Y morder para comer e irse a la cama para dormir quizá sean todas sus obligaciones.

¡Compañeros, para aquellos que nos ayudaron y aún necesitan más ayuda que nosotros!
Y aunque ella piense que los salarios que pagó son casi caridad,
amaría ver a aquella gorda señora
arrastrarse alrededor de aquella silla de ruedas
mientras con sus anteojos y sombrero de plumas
su sirvienta se quede ahí.

traducción: Hugo Müller

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