Cuartetas

Una dijo: tu vida es tuya para que la hagas o estropees,
para parpadear tenuemente o remontar una estrella,
yace contigo, la oportunidad es tuya, es tuya,
golpear los lazos o manejar tu auto.

Yo le contesté: La oportunidad es mía, ¡ah, no!
Todos fuimos hechos o estropeados hace mucho, mucho tiempo.
Las partes están escritas, escuchen el super quejido:
¿Quién está manejando la escena de este show cósmico?”

Tontos ciegos del destino o esclavos de la circunstancia,
la vida es una trapisonda, y todos debemos bailar.
Desde la melancolía que las bromas harán que sea libre albedrío,
escuché una voz gritando: “Digo, dénnos una oportunidad”.

¡Oportunidad! ¡Oh, no hay oportunidad! La escena está arreglada.
¡Suban la cortina! Hombre, la marioneta resume su parte.
Los dioses trabajarán los hilos que los mantienen a todos bien,
¡pueden apostar, pueden apostar!

Está todo decretado, el poderoso golpe del terremoto,
las incontables constelaciones de rueda y brillo,
el apogeo y caída de imperios, la roja marea de la guerra,
la composición de su picadillo de cena.

En este mundo nuestro no hay azar.
Causa y efecto son poderes sombríos, implacables.
Rigen el mundo. (Un rey fue muerto anoche,
anoche sostuve el comodín y ambos cenadores.)

Nuestras cabezas son empujadas a las redes del destino.
No podemos hacer lo que haríamos ni lo que debemos.
La herencia nos tiene en una cincha
(pensamiento consolador cuando han estado en un “fracaso”).

Escuchen la canción donde las voces esféricas se mezclan:
“No hay comienzo, nunca habrá un final”.
Nos vuelve locos, ¡cuelguen las campanas astrales!
Las mesas se despliegan, vengan, vamos a cenar, mi amigo.

traducción: Hugo Müller

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