Virtud de la ciudad

Jenny fue mi primera novia, ¡pobre chica!, no era demasiado lista,
aunque juré que ella nunca lo lamentaría, jamás me permitió hacerlo.
Cuando lo intentaba hacía un escándalo, era tan condenadamente pura y virtuosa.
Las muchachas deberían engañar todo lo que pueden,
usar sus encantos para obtener a su hombre.

June, mi segunda, no era remilgada, demasiado linda para ser buena,
caprichosa y una frívola, nunca supo quién debía poseerla,
me enloqueció con sus saltos de celo, tentando a todos los otros muchachos
como una flor a ser recogida: así que al fín tuve que largarla.

Ahora me he establecido con Jill, y aún estamos seguramente casados.
Ella comenzó a quejarse y preocuparse, así que nos casamos en un apuro.
Bueno, está bastante bien de este modo, todos estamos hechos de una arcilla común,
y la gente canosa que nos aburre fueron tan caprichosos antes como nosotros.

June, escucho, ahora vive en Londres donde, me temo, está tristemente intacta.
Jenny, aún tan virtuosa perdió el coche matrimonial
donde intercambiamos nuestras primeras charlas zumbantes,
Jill y yo ahora tenemos una docena, listos a su turno para probar
que no hay castidad en el amor.

June, tan linda y voluble, era común como la silla de un peluquero,
Jill me provee de buena comida, me deja ir por las noches al pub.
Aunque sus cabellos plateados sean muchos alguna tarde debería llamar a Jenny…
Ella no tiene demasiada urgencia: debe ser el infierno morir virgen.

traducción: Hugo Müller

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