Pobre Tom

Aquel pobre Tom seguro daba lástima,
tantas agallas tenía para aprender,
tomó el griego como el bebé la teta,
y era loco por las matemáticas.
Amaba prepararlo con conocimiento,
no había conocido un muchacho más brillante,
soñaba que podía ir a la universidad y recibir honores allí también.

¡Pero no! Su padre dijo: “Hijo, te necesito para mantener la pava hirviendo,
ya no puedo alimentarte y abrigarte más,
comprarte libros de estudio y combustible de medianoche.
Lo llevo lo mejor que soy capaz,
un humilde sastre, como sabes,
y tú debes retirar tus piernas cruzadas de la mesa
y aprender a cortar y coser”.
Y eso es lo que está haciendo el pobre Tom.
Bravamente hace lo mejor de ello,
pero mientras te ajusta él sabe que es un desadaptado,
y piensa mientras cumple su vocación
con paciente corazón aunque profundo disgusto,
como los retazos cayendo de su tijera que El,
también, es un desperdicio.

traducción: Hugo Müller

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