Luna de miel en la Riviera

Me apoltroné a gusto bajo los árboles,
y los observé acelerar su paso, saltaron en la rugiente persecución,
la multitud estaba estremecida, un chico había sido muerto:
era una carrera espléndida.

Dos hombres, dicen, fueron al Oeste aquel día,
pero yo sólo conocía a uno,
su sangre de rojo geranio había sido derramada y blasonada en el sol,
un accidente de iluminación… ¡Oh, en un destello sus días de carrera estaban hechos!

No vi aquellas visiones espantosas y sombrías para mí,
pero por una chica de rizos soleados no lo mencionaría,
aquel tipo inglés con semblante tan contento,
y sus ropas de carrera tan ataviadas.

Su moto estaba pintada como una caja postal.
‘Era vistosa… La compramos nueva” dijo una voz junto a mí.
“Corrimos un poco en ella el día que nos casamos.
Tomamos una oportunidad: a través de la soleada Francia
destellamos con ostenta energía.
Con sonrisas felices hicimos en una hora cientos de millas o más.
Como la llama nos lanzamos a un mundo sin echar espuma, con frutos y flores.
Nuestros medios eran pequeños, lo arriesgamos todo
para ganar esta famosa carrera,
así podíamos tener un negocio y hacer nuestro pan, uno debe comenzar.
No tenemos miedo, Jack tiene su comercio: es brillante como un alfiler de latón.

“¡Escucha! Aquí vienen, zumbando en la colina,
mi muchacho está en el segundo puesto,
se balancean, rugen, pasan una vez más,
ahora Jack acelera el paso.
Están zumbando al pasar… Al fin, al fin él lidera, ganará la carrera.
Otro giro… Saltan, rebotan pero, ¿dónde está él?”
Y entonces la chica con rizos soleados giró su cara de tiza hacia mi,
en sus ojos una conjetura salvaje, no era bueno verla.

Dicen que se estrelló como un rayo en una pared de piedra,
su cara se aplastó contra la mugre sangrienta, murió sin un lamento,
en negro prestado la chica regresó sola a Londres.

Bajo los árboles permanecí a gusto,
y los vi dinamizar el paso, giraban y se aferraban,
y rugiente era la persecución,
dos hombres, dicen, estiraron la pata aquel día,
fue una carrera gloriosa.

traducción: Hugo Müller

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