La miserable despedida del cipayo Peña Nieto

El presidente saliente de México, el telenovelero Enrique Peña Nieto, sorprendió al país concediéndole el más elevado honor de la nación para extranjeros a Jared Kushner, asesor y yerno judío de Donald Trump, cuyo lobbyismo propugna la omnipotencia del estado de Israel. Peña Nieto eleogió a Kushner y lo calificó como “un gran aliado de México”, que ayudó a renegociar un desastroso tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.
El acuerdo revisado, rebautizado ahora como USMCA, será firmado en la nauseabunda reunión del G20 que se está llevando a cabo en la sitiada y militarizada ciudad de Buenos Aires. Allí Peña Nieto condecorará el traje de Kushner con la Orden del Aguila Azteca, símbolo de la bravura y la resistencia azteca. Para justificar su estólido acto antipatriótico, el presidente a punto de huir del poder, espetó a la prensa: “El ha sido un importante actor en el objetivo de alcanzar un buen entendimiento con el nuevo gobierno republicano. Y la verdad es que nos llevamos de maravillas y pudimos hacer muchos negociados juntos, que no se terminarán aquí”.
Su jefe y suegro reiteradamente se dedica a denigrar a México y a los mexicanos por Twitter, y aún amenaza con cerrar la frontera con el país hispano y dispersar con balas de goma y gases lacrimógenos a la caravana de pauperizados, excluidos y emputecidos por sus políticas en toda la región centroamericana.
A la sazón, varios mexicanos demostraron su rabia por el otorgamiento de semejante orden a Kushner, cuando la han recibido personajes tan egoístas y payasescos como la reina Elizabeth, Nelson Mandela y Walt Disney. El historiador Enrique Krauze afirmó: “Darle el Aguila Azteca a Kushner es un acto supremo de humillación y cobardía”.
Carlos Bravo Regidor, profesor en el Centro de Investigación y Enseñanza de Economía manifestó a su turno: “Este es el perfecto final de la gestión de Peña Nieto: una insuperable muestra de la indignidad de las posiciones de su gobierno respecto a las actitudes agresivas y racistas de Trump. Es la patada final en los huevos de los mexicanos”.
Los antecedentes de las relaciones cipayas que ha establecido Peña Nieto con el imperio yanqui son vastos y podrían aburrir a los lectores. Incluso, expresó su aprobación de la construcción de un muro en la frontera y se calló cuando Trump insultó a todos los mexicanos, caracterizándola como gente vaga y delincuente. El único que podía sofrenarlo un poco en estas expresiones era precisamente Kushner, que hizo muy buenas migas con el canciller Videgaray. En medio de intrigas palaciegas se fue desarrollando una relación bilateral de sujeción inmunda, por la cual Peña Nieto aplicó como un alumno ejemplar todas las políticas que le dictó Kushner. En este contexto, Peña Nieto deja su lugar con su figura totalmente maldecida y reprobada por el 76% de los mexicanos, hartos de su corrupción engolada y de sus escándalos de ladrón de guante blanco improvisado. Ahora en Buenos Aires, en la cumbre del horror que merece volar por los aires, tratará de hablar con los mandamases más selectos para ver si le enseñan a robar con “carpa”, con lawfare y medios de comunicación siempre exultantes propagandeando sus sandeces y actos de vileza contra los pueblos.
Mañana se abre otra historia. López Obrador será presidente de México y sus planes no parecen agradar al imperio. Las fuerzas y servicios de inteligencia yanquis y pro-yanquis ya están avezados y preparados para hacerle varios golpes blandos y la vida imposible, mientras les está costando un Perú acabar con Maduro.

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