La doncella apetecible

En las tierras yermas de Madagascar vivía una doncella apetecible,
hombres jóvenes hubiesen pedido su mano pero siempre tenía miedo.
Oh, aquella doncella vivía en la sombra de un árbol prolífico,
y cuando el día concluía al ponerse el sol ella hacía esta melodía:
mientras arrullaba esta canción vino un hombre apuesto,
y no perdió tiempo en galantearla porque le pegó en la jeta.
Oh, aquella doncella apetecible estaba tan miedosa,
así que él le pegó en el ojo, y luego él rió con alegría
mientras debajo del árbol prolífico la escuchó gritar:

Entonces con alaridos de risa escabrosos, dijo el hombre coqueto:
“Si buscas sólo unos golpes, haré lo mejor que pueda.
Ya te he dado un par, y tengo muchos más para gastar”.
Así que la abofeteó en la nariz, y ella era una doncella dolorida,
mientras debajo del árbol prolífico emergió este lamento:
Ahora la boda con Tom está acabada para esta doncella,
y cuando se cernían las sombras de la tarde ya no tenía más miedo.
Porque usaba un delantal de hojas de palma, y mecía a un negrito en la sombra del árbol prolífico,
y ella estaba contenta con su hombre, aunque aún soñaba con un hombre afeminado
mientras cantaba esta canción con alegría:
Coro: Oh, no quiero que me cuide mi hombre cavernícola,
oh, no quiero cabezas negras de hollín que me presionen.
Todo lo que quiero es un compañero que use suspensores,
que sea el negro al que esta nena se rinda.
Porque el hombre con quien me case debe tener un ajuar adecuado.
Minguno de tus tipos “hoja de higo” me hará hacer eso.
Porque es gracioso cómo me siento, pero me vuelvo loca por las medias,
y mi sueño es casarme con un hombre que tenga un par de medias.

traducción: Hugo Müller

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