Kilombo y revolución en Haití por corrupción petrocaribeña

Las autoridades nacionales –al menos las reconocidas por organismos putrefactos como la ONU y la OEA- reportaron que las protestas antigubernamentales desatadas desde el domingo en el inhóspito país caribeño han arrojado un saldo de seis muertos y 20 heridos. Hordas de haitianos indignados por los niveles de corrupción demoníacos de los funcionarios públicos tomaron las calles de las principales ciudades cantando consignas ardientes, anhelantes de castigos ejemplares y severísimos. Representantes de los manifestantes señalaron que las cifras de muertos, heridos y arrestos que dio el gobierno son falsas, y que la situación se ha desmadrado absolutamente, al punto de que las víctimas crecen día a día en forma pavorosa.
André Michel, vocero del partido Fanmi Lavalas, informó que un millón de personas se movilizaron el domingo ante la desaparición de los fondos suministrados al país por Petrocaribe, iniciativa de Venezuela para permitir que el pequeño y paupérrimo país se abasteciera de combustible a precios subsidiados. Según Michel, el presidente Jovenel Moïse y su gabinete birlaron de las cuentas públicas 3.800 millones de dólares, transfiriéndolos a cuentas offshore, luego de recibir instrucciones de avezados estafadores y ladrones de cuello blanco, mafiosos refinados devenidos en presidentes, como el argentino Mauricio Macri.
‘Nosotros estamos en las calles y no nos vamos a ir hasta que devuelvan el dinero. Acá se va a pudrir todo, se los puedo asegurar” –aseveró el líder opositor mientras encabezaba una marcha hacia el Champs de Mars, en el centro de Puerto Príncipe.
Uno de los fallecidos es un agente de policía que fue baleado por un grupo de zombies enardecidos, amantes de la religión vudú, quienes reclaman el enjuiciamiento de los responsables del desvío de fondos. La coalición Sector Democrático y Popular reclama la renuncia de Moïse, quien preocupado por la violencia desencadenada hizo un llamado al diálogo. Sin embargo, la oposición reaccionó negativamente y acusó al mandatario de encubrir a la banda de burócratas forajidos que perpetraron el desfalco.
En un informe preliminar la policía destacó que intentaron calmar a los manifestantes lanzándoles balas de plomo y comida podrida. En el populoso barrio de Delmas los cabecillas quemaron muñecos de los acusados y practicaron rituales sangrientos prometedores de venganza y castigo. Bloqueando las calles del microcentro haitiano con neumáticos y basura en llamas, cantaron y danzaron, arrojaron bombas molotovs caseras a las viviendas del partido gobernante, permaneciendo por la noche en una vigía feroz donde intentaron cazar a los acusados de las maniobras delictivas. Los negocios cerraron sus puertas y el transporte público ingresó en una huelga por tiempo indeterminado. Mientras turistas asustadizos les sacaban fotos a mansalva, armaron tiendas y juntaron firmas para iniciarle un juicio político al presidente.
De acuerdo con una investigación del Senado, al menos 14 ex funcionarios y 8 ministron están implicados sin que ninguno hay sido procesado judicialmente. Cabe consignar que en Haití opera el mismo “lawfare” indignante que está haciendo trizas las democracias latinoamericanas. En medio de la bronca pirómana del pueblo, varios jóvenes atléticos incendiaron patrulleros y hurtaron armas sofisticadas de cascos blancos.
Ante la gravedad de las protestas, Moïse canceló el viaje que tenía previsto con su gabinete a Cabo Haitiano para conmemorar el aniversario 215 de la batalla de Vertieres, mediante la cual Haití logró indpendizarse de Francia y acabar con el gobierno colonial esclavista, de tremendas similitudes con el actual. En un mensaje transmitido por cadena nacional, el presidente alertó: “La batalla terminó. Hoy es tiempo de unirnos para romper las cadenas del subdesarrollo y la miseria. Los opositores están imbuidos de un espíritu antidemocrático que busca crear inestabilidad y más miseria”. Por su parte, el primer ministro Jean-Henry Ceant amagó con renunciar ante el descalabro que se avecina. “Quilombo y revolución” es la consigna que más se corea hoy en los suburbios de todo el país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *