El pequeño viejo

“Siembra tu avena salvaje en tu juventud” –así nos dicen siempre,
pero digo con verdad más profunda: “Síembrala cuando eres viejo”.
Seré sabio hasta que tenga cerca de setenta: luego, ¡por Dios!,
floreceré como un anciano galán.
Asumiré un aire gallardo, me reiré fuerte, ¡ja, ja…!
¡Cómo contemplarán mis nietos a su abuelo!
Escandalizaré su perfección aureolada: ¡no quiero ser un viejo pecador a sus ojos!

Mírame, cómo aprendí a tomarle el pelo a las camareras en un bar,
whisky a diario, bebiendo divertido, fumando un fiero cigarro.
Frecuentaré los tés de tango, me pararé a la puerta del escenario,
esperará a Dolly “Rodillas Chuecas”, con un ramo de flores en mi mano.

Luego a los setenta revolotearé en la ruleta,
mientras a los ochenta espero que todavía sea bueno al poker,
y vestido de moda iré a las carreras,
el más gallardo de los viejos perros a los noventa.

“Siembra tu avena salvaje en tu juventud” –eso es lo que te dijeron,
no le creas a la tonta lengua, siémbrala cuando seas viejo.
Hasta que tengas cuarenta toma mi humilde consejo,
siembra tu bonita y mansa avena y luego… ¡Ey, muchachos!, déjala partir.

traducción: Hugo Müller

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