El leñador

En la noche neblinosa sin luna, con mi pequeña pipa encendida,
estoy sentado junto a la alegría desvaneciente de la fogata,
oh, el rocío está cayendo helado en la oscuridad,
cazado por ciervos en la montaña,
y los rompedores en la bahía se lamentan espantosamente.
Pasan las horas trabajosas, los muchachos hace mucho que están en la cama,
y yo estoy solo y cansado manteniendo la vigilia,
en el cielo hinchado, invisible, puedo escuchar el grito del halcón nocturno,
y los sapos en frenético coro desde el arroyo.

Y de algún modo el brillo de las brasas me lleva a un tiempo lejano,
los días de la risa feliz y la canción luminosa,
cuando pasaba las horas afuera con las personas más divertidas
en el vertiginoso torbellino de la multitud festiva de moda.
Oh, corrí una carrera intensa y apenas pude mantener el paso,
porque la lujuria de la juventud hizo estragos en mi sangre,
pero al fin hice una parada en esta tierra abandonada de Dios,
de pinos, montañas y mareas.

Y ahora me tengo que quedar, con una deuda que pagar,
por el placer del pasado con dolor de futuro,
y no soy el tipo que se queja, si tuviera oportunidad
sé que elegiría la vieja vida nuevamente.
Con sus mujeres de ojos brillantes y su corriente de vino dorado,
su fiebre, su diversión y su fiesta, la vieja vida con su estrépito, su risa y su pecado,
y que me arroje a la alcantarilla cuando esté acabada.

¡Ah, bien! Es el pasado y se ha ido, y el recuerdo
que conjura cada viejo rostro familiar se desvanece,
y aquí arrojado por la fortuna, estoy muerto para todo el mundo,
y aprendí a perder mi orgullo y conservar mi lugar.
Mis modos son duros y rudos, y mis brazos son fuertes y firmes,
y hacho el vertiginoso pino hasta que cae la oscuridad,
y algunas veces, sólo para mantener vivo mi corazón,
me lanzó a los salones divertidos y a las pistas de baile.

En la distancia, echarse un pequeño trago en la ciudad alegre
que alberga aquella multitud y ulcera mi cerebro,
una pequeña diversión para mantener mis pulsos firmes,
luego de vuelta a la brutal labor una vez más.
Y las cosas continuarán así hasta que un día sabré
que la Muerte me ha encinchado más allá de toda duda,
entonces me arrastraré afuera y morosamente en la noche,
mi vieja, gastada vida se agotará.

Después los chicos se reunirán alrededor, y me arrojarán a la tierra,
y apilarán los huesos del frustrado lobo de la madera,
y el pino gimoteante ondeará sobre una tumba sin nombre,
donde la serpiente negra ama enrollarse a la luz del sol.
Y me dejarán allí solo, y quizás en un tono apagado
hablen de mi algunas veces al brillo de la fogata,
como un amigo excluido, quebrado, que se fue al Reino del Más Allá,
y que marcó el paso de Inglaterra hace mucho tiempo.

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