Toledo

Tres viudas del Medio Oeste mascaban chicle sombríamente,
el chef del Lido había revestido una perdiz con ajo y rhum,
y estaban dolorosamente oprimidas porque habían comido algo.
Una dijo: “El famoso muchacho El Greco me dio el punto bendito,
sus santos parece que desean morir, démosle un traspié a nuestro guía
y en alguna bodega cercana sorbamos un vaso de vino”.
La segunda dijo: “Es este material de la catedral lo que me deprime.
Pienso que una iglesia es suficiente en cualquier ciudad española,
pero aquí hay cuatro, eso es demasiado duro, no importa su renombre”.
Dijo la tercera: “Es aquel show del Alcázar lo que simplemente me apabulló,
aquella mazmorra tétrica ahí abajo, y todas las ruinas alrededor,
aquel gracioso, viejo y gordo Moscardo que puso a los rojos en estampida”.
“¡Ey, señor guía!” imploró la tercera, “retornemos a la divertida Madrid”.
El guía estaba shoqueado, pero entrenado para hacer lo que le habían ordenado.
Así las tres damas del Medio Oeste, dispépticamente melancólicas regresaron a la ciudad
y bastante deprimido el guía mascaba chicle.

traducción: Hugo Müller

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