Mi viñedo

Para mí las estrellas hablan por la noche.
Ellas dicen: ‘Tu planeta es, oh, tan local!
Una partícula de polvo en el techo del cielo,
tu fe adivina un loco pensamiento.
Qué chances tiene de ser arrojado al caos,
el tuyo es un tonto y pequeño mundo’.

Para su escarnio, por suerte cierto, odio las estrellas,
¿no las odias también tú?
Pero aunque la tierra sea grandiosa o pequeña,
no me importa el escupitajo de la esposa del pescador,
no me inquieta dónde o por qué,
hoy es un día y yo soy yo.

Sereno, lejos del dolor y la preocupación,
cuido mis viñas y no me apuro.
Beso a la chica y levanto la botella,
lleno el vaso y aclaro mi gaznate.
Mañana aunque la tierra perezca,
apreciaré la sensualidad de la vida.

Ah no, no maldeciré las estrellas:
aunque las cosas están mal podrían ser peor.
Así que cuando las vastas constelaciones brillen
beberé para ellas en vino rojo,
porque ellas por sí mismas, aunque parezca extraño
de algún modo me dan la sensación de que Dios existe.
Porque confiamos y tenemos la certeza de que su amor nos conduce en los cielos.
Porque la fe, por más loca que sea, es poderosamente útil para un hombre:
y mientras cuido mis vides para que Él con ternura me busque.

traducción: Hugo Müller

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *