Mi rival

Si ella lo encontraba a él o él a ella sabía que algo debía ocurrir,
porque eran como el pedernal y el acero para golpear la chispa del dolor y la roncha,
o como dos astillas delicadamente rotas, en perfecto ajuste para combinar,
y así los mantuve bien separados, porque era ella muy preciada a mi corazón.
Una vez que los tres nos encontramos en la iglesia
intenté darle una estocada al muchacho pero lo escuché decir:
“Tu hija es como una hermosa rosa, ¿supongo?”
Yo dije: “Por qué no, la que iba a ser mi esposa se fue hace seis meses con los niños”.
Parecía atónito y perturbado: mi muchacho, el que pensé para ti.

La esposa exclamó: “¡Qué joven apuesto! Un marinero…”
De algún modo lucía triste, y luego su recuerdo se volvió oscuro,
porque nunca más lo mencionó.
Y aunque yo casi la duplicaba en edad siempre creí en su poderosa sabiduría,
a menos que algún día se descarríe para mantenerla en el camino de la crianza.

Oh, ¿alguna vez soñó con Jack?
El muchacho que nunca más regresó, y nunca lo hará,
escuché que fue hundido en el mar de China.
Le dije que ella no, a menos que se ponga triste,
¿y yo? Es poco pero estaba contento,
porque si él hubiese venido a mi vida me hubiese robado a mi esposa.

Pero cuando a la noche me acuesto con ella,
y en su dormir escucho su suspiro,
me surge la duda de si hice bien en separar a Jack y Nell.
Y aunque tenemos una raza de siete,
aún el matrimonio debe hacerse en el Cielo:
porque Nell tiene cáncer, dicen los doctores,
así quizás es el modo del destino que al final ellos dos van a aparearse.

traducción: Hugo Müller

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