El diente frontal

Sentadas en el bar con gins dobles para mantenernos animadas ella me dice
“¿Qué es lo que te hace tan dulce, querida? Como si hubieras vuelto a tu juventud…”
Yo digo: “Es sólo mi nuevo diente frontal”.

Ella dice: “Una sonrisa pegajosa no sirve para mantener el negocio activo,
nos ganamos nuestro pan con el pecado, tenemos que hacernos atractivas.
Espero que tu dentista no haya sido un novato”.
Yo digo: “Una libra es lo que cobró”.

Ella dice: “Los zapatos que usas están flojos de talón y necesitan nueva suela,
¿por qué no te comprás un par mejor?
La lluvia entra y sale por el agujero.
Están chapoteando mientras caminas a tu paso…”
Yo digo: “Los tipos no miran mis pies”.

Ella dice: “Toses todo el día, eso no ayuda en nuestra profesión,
una chica tiene que ser alegre y divertida para darle a un tipo una buena impresión,
pero si toses él se avergonzará de ti…”
Yo digo: “¿Y qué tiene que hacer una chica?”

Ella dice: “Soy rosa y gorda pero tu eres huesos y pálida como el yeso,
y esa maldita renta por la que vas, nunca vivirás para ser la última.
Tendrás las raíces de margarita para la puerta…”
Yo digo: “Está bien ser una puta”.

“Pero no me importa, ahora puedo sonreír,
sonrío, sonrío y no muestro la mueca con el diente vacío,
estoy húmeda y fría, pero vale la pena para mirar una vez más alegremente el triunfo.
Y enviar diez dólares o más a Mamá…”
Dijo ella: “¡Dios! ¿Tienes otra?”

traducción: Hugo Müller

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