Caso Skripal: ¿Espionaje o prostitución?

El vomitivo escenario geopolítico internacional todos los días da muestras de su miserabilidad espantosa. La resucitación de la guerra fría entre Occidente y la ex Unión Soviética –como si no se hubiera dirimido la disputa a favor de los cerdos capitalistas-, goza de una impresionante salud, sobre todo a partir de las acusaciones de Hillary Clinton a Rusia de interferir a favor de su contrincante en las elecciones yanquis. Nada más ridículo ni más disparatado. A ello se sucedieron diversos episodios de envenenamientos de espías rusos trabajando en países occidentales que que colocaron la figura de Vladimir Putín, el líder ruso, como principal sospechoso e instigador de la vuelta de la “Guerra Fría”. Las campañas en su contra en los medios masivos de comunicación occidentales han sido tan estúpidas como ostentosas, carentes en absoluto de fundamento o prueba alguna de su culpabilidad. El último de estos episodios fue el supuesto envenenamiento del agente Skripal y su hija en el Reino Unido a pesar de que ambas víctimas, a sólo meses del episodio gozan de excelente salud y no presentan rastros de sustancias venenosas. En su intervención en la “Semana de la Energía” en Moscú Putin se despachó sin empacho: “¿Acaso la lucha entre los servicios secretos nació ayer? Es sabido que el espionaje y la prostitución son unas de las profesiones más importantes en el mundo”.
El mandatario sostuvo que les pidió reiteradas veces a las autoridades inglesas que presentaran documentos que avalaran sus hipótesis sobre el malestar padecido por Serguéi Skripal. Más puntualmente, exclamó: “Sigo algunos medios, sus colegas tratan de promover la idea de que el señor Skripal es casi un defensor de los derechos humanos, pero no es nada más que un espía y un traidor de su patria. No vale ni el presupuesto de una investigación”. Luego manifestó su deseo que el asunto se acabe cuanto antes. “Imagínense, uno es ciudadano de su país y de pronto otro lo traiciona, ¿cómo reaccionarían? Es tan solo un canalla y nada más”.
En vez de consagrarse a los temas energéticos, el líder ruso estaba anhelante de referirse a “esa rata inmunda de Skripal, que fue castigado, estuvo en la prisión cinco años, lo liberamos y se fue a Londres donde siguió cooperando y trabajando para los servicios secretos británicos”. Putin calificó de delirio la reacción de los gobiernos inglés y estadounidense a la intoxicación de Skripal y de los envenenados en Amesbury. “La verdad que no se puede creer que inventen tantas noticias falsas y la gente se la crea. Son burdos y torpes en sus acusaciones” –apuntó el mandatario.
“Además, ya nos han impuesto un sinfín de sanciones económicas con el afán de acogotar nuestra economía pero el tiro les saldrá por la culata. Con China estamos firmes en esto de ponerle freno a la prepotencia yanqui. Hacen lo mismo con Irán y con cualquiera que se oponga a sus políticas comerciales. El mundo ya no se mueve bajo sus órdenes. Hoy hay otros actores importantes y tienen que aceptarlo. Que chillen y pataleen, nosotros mantendremos nuestra cautela característica. Dicen que los cuerpos de Skripal y su hija estaban afectados por el neuroparalizante de la clase Novichok que fabrican nuestros químicos y eso es una mentira obvia porque dicho agente químico se halla en una fase de experimentación primitiva y aún no se lo inoculamos a ningún conejillo de Indias. Nos tienen cansados los mandatarios de estos países, siempre ufanándose de su ignorancia, luciendo una patética hipocresía y cayendo frecuentemente en la histeria colectiva” –remató el afilado líder ruso.

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