Aduviri Calisaya, otra esperanza que viene del Altiplano

El líder aymara antiminero Walter Aduviri Calisaya fue elegido gobernador de Puno superando por amplio margen a sus contrincantes, políticos pergeñados en los toilettes de las transnacionales mineras. La noticia fue casi macabra para la prensa hegemónica incaica, que ve con alarma y zozobra como se están irradiando por la población movimientos rebeldes como el que encabeza Aduviri, quien como no es de esperar de otra manera, es una de las tantas víctimas del lawfare en su versión peruana.
En lugar de analizar sus propuestas orientadas a distribuir las riquezas, dignificar la labor de los campesinos, devolver tierras y objetos sustraídos a comunidades indígenas, reivindicar sus derechos objeto de cruenta vulneración, sobre todo ante desahucios, despojo de tierras y la contaminación de vastas extensiones y pueblos milenarios, el debate pasó por las prepotentes diatribas racistas de formadores de opinión repugnantes que pululan en los programas de TV, Youtube y Netflix más vistos. Aduviri ha denunciado en reiteradas ocasiones el accionar criminal y obcecado de las empresas mineras, fue uno de los principales opositores en todos los sucesivos gobiernos entregadores que tuvo el Perú desde Alan García en adelante, y por eso se lo ha castigado y peseguido para que no pueda participar de la contienda electoral.
Esta historia del líder indígena, proveniente de movimientos sociales, que se hace carismático y accede al poder político no le causa ninguna gracia a la embajada yanqui, que maneja su protectorado de Perú apelando a las mismas políticas de ultraje y coloniaje de siempre. El liderazgo de Aduviri fue construido con toda la sabiduría y las recomendaciones de sus ancestros de mayor temple, como Tupac Amaru o Tupac Katari. La suya puede ser una revolución en serio, y por eso las elites oligárquicas de la región están temerosas.
Uno de los movimientos que condujo Aduviri fue el aymarazo, dos años después del baguazo, que marcó un antes y después en la manera en que el Estado peruano se relaciona con los pueblos indígenas. A partir de entonces comenzó a respetar sus armas primitivas. Tomaron nota de que hay indígenas expertos en cibernética que pueden pintarle la cara a los hackers que trabajan para el gobierno. El hipercorrupto Alan García no pudo entonces poner en marcha el proyecto minero Santa Ana patrocinado por la empresa canadiense Bear Creek Mining Corporation, ya que la Constitución prohíbe que una empresa extrajera posea concesiones en un área de frontera. El conflicto dejó daños a la propiedad pública, saqueos y la vida de 6 pobladores, compañeros de lucha de Aduviri. La justicia absolvió a todos sus colegas comuneros menos a él, condenándolo a 7 años de prisión efectiva con una sentencia carente del menor fundamento jurídico. Fue una típica condena de los empresarios amañados con oficiales de justicia dispuestos a vender a sus propias madres. Los analistas jurídicos peruanos más respetables opinan que el caso de Aduviri es paradigmático de la criminalización de la protesta social, y que es el método a través del cual los yanquis mantienen contenidas las luchas gremiales en su territorio.
Durante los años en que estuvo en prisión la situación de los pueblos indígenas del Perú continuó empeorando. Actualmente más del 35% de tierras de comunidades campesinas están concesionadas a la minería. Los pueblos serán mudados a lugares carentes de armonía con la Pachamama. Aduviri resistió en la clandestinidad los embates de las policías y bandas paramilitares instruidos para asesinarlo. Ahora llega a gobernador y no será tan fácil bajarlo. Puno está a orillas del lago Titicaca, de donde surgieron los padres de su civilización: Manco Capac y Mama Ocllo. De allí parecen brotar sanos vientos de rebeldía.

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