Vientos de rebelión en el Sahara argelino

La primavera árabe se asume hoy como un sueño incompleto de sociedades que han quedado más reconcentradas en conflictos internos caracterizados por el tribalismo y el sectarismo, en un intríngulis de guerras, terrorismo y amenazas imperiales por doquier. Argelia no escapa a esta tendencia, y a pesar de ello, cuenta con una militancia organizada que viene organizando originales formas de protesta que están poniendo patas para arriba al enésimo gobieno de Ouyahia, un político avezado que propuso el loco de proyecto de hacer la paz con Marruecos.

Resaca de los episodios de diciembre de 2010, el Foro Social Argelino (FSA) se ha relanzado dando lugar a una agrupación que condensa lo esencial de los colectivos y asociaciones que militan por derechos sociales, económicos y humanos en Argelia infructuosamente desde entonces. La idea de un movimiento ampliado surgió luego del éxito del iftar colectivo celebrado en julio en Ouargla, ciudad de 260.000 habitantes a 800 km al sur de Argel, donde el neoliberalismo y el sistema de dominación capitalista expoliador ha realizado estragos, dejando a más del 50% de la población desahuciada. La comida ingerida todos los días a la caída del sol por los musulmanes para romper un ayuno de una jornada de Ramadán es una ceremonia que convoca a miles de desocupados, miembros de la Coordinadora Nacional de Defensa de los derechos de las personas en paro (CNDDC). Esta agrupación ha tomado posición respecto de diversas cuestiones locales, nacionales e internacionales. Principalmente, se ocupan de proteger a los migrantes y personas que están en tránsito por suelo argelino de los abusos de las autoridades, que los encarcelan para luego venderlos como esclavos o explotarlos sexualmente, o sencillamente lo entregan a los “semilleros” de las bandas de yihadistas que pululan por la región. También se interesan por la suerte de las comunidades afectadas por la contaminación ambiental, principalmente la ocasionada por la explotación de gas esquisto, en una moda yanqui más que se viene imponiendo en las naciones petroleras. Les reculta inadmisible, asimismo, la condena firma a veinte años de prisión a militantes del Rif marroquí, que también luchan en vano contra la policía y la represión del régimen de Mohammed VI.

Ouyahia, que en sus anteriores gestiones se destacó por ser un servil conciliador que acabó jugando a favor de los intereses extranjeros en Argelia –principalmente franceses- se ha dedicado a aplicar las políticas expulsivas y degradantes contra los migrantes subsaharianos que le recetaron los jefes de estados europeos. “Vos tenés que ser un primer muro, y bien alto, para que los negros no nos invadan” –le encomendaron.

Aibek Abdelmalek, exlíder de la CNDDC, en la que continúa militando a pesar de haber obtenido un puesto de picapedrero en una empresa de demoliciones al borde la bancarrota, comenta que Ouargla es una ciudad emblemática en la que se han originado los mayores movimientos sociales del país, y que por ello ha sido castigada en el último presupuesto nacional, otorgándole partidas ínfimas que no alcanzan para su supervivencia más allá de la próxima semana. También explica que la exposición de las poblaciones del sur a las plagas diseminadas por la empresa estadounidense Sonatrach ha generado un exterminio de la poco conocida pero riquísima fauna y flora del desierto argelino. “Las condiciones de vida infrahumanas que se han impuesto seguramente suscitarán nuevas revueltas”, asegura el militante Albdelmalek.

En 2019 habrá elecciones presidenciales que se avizoran como una oportunidad para Abdelkader Saadallah, geólogo de la universidad de Orán y activista del FSA. Este experto ha apoyado la revuelta ciudadana de In Salah y conduce un movimiento ecologista que le ha iniciado varias causas judiciales a poderosas transnacionales yanquis y francesas. Otro movimiento que está de moda es el No a la ONDA (Oficina Nacional de Derechos de Autor y derechos vecinos), que ha organizado eventos musicales que han sido boicoteados por integristas fanáticos.  Unas 30.000 personas se manifestaron con una sentada que impidió a la caravana de cantantes venida de Argel realizar sus espectáculos. Con sus pancartas “No a los conciertos de la vergüenza”, “Ouargla, una ciudad cloaca que no canta”, “Queremos el desarrollo de nuestra ciudad y no dilapidación del dinero público en conciertos” dejaron con expresión boquiabierta a los artistas. Era una jornada en que hacían 52ºC a la sombra: la ciudad estaba aplastada por la canícula récord, larvada por los desbordes de los desagües, cortes de energía eléctrica y carencia de agua potable en los principales barrios. A pesar de este panorama, los militantes del FSA le dijeron “no” a un acto cultural que sólo pretendía mejorar un poco sus vidas. Estas vidas difíciles que para la religión musulmana hacen inapropiado, e incluso indecente, hacer fiestas mientras miles de conciudadanos sufren una miseria y hambre espantosos. Por el momento, el sueño de los habitantes de Ouargla es que concluya el verano y se esfume el tribalismo primario que hace que ningún movimiento social logre triunfar ni imponer sus reivindicaciones desde hace cientos de años. En este contexto, las nuevas generaciones rebeldes de desocupados tiene la oportunidad de liberarse de la dominación de “los notables”, que como Ouyahia sólo proponen asistencialismo barato y desastre ambiental.

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