Mi máquina de escribir

Solía pensar que un pote de tinta contenía magia en su fluido,
y debería manejar una lapicera cuando esté canoso como un druida,
pero mientras me rasco mi paja plateada,
mi golpeada vieja Corona me llama tan lastimosamente como la moribunda Desdémona.

“Por los buenos viejos tiempos dame un respiro:
A ti te he sido tan leal como jamás hubiese podido una Underwood, Remington o Royal.
El mundo que hemos abarcado juntos y dos millones de palabras, tal vez,
para ti he tipeado, es tiempo de que me batas una rima o dos para mí.

“Te he visto sentarte y fumar y escupir con improperios profanos,
luego romper con rabia la página virgen,
te he ofertado en vano.
Te he observado resplandecer en hastiada desesperación
a través de horas de pensamiento empollado,
entonces con un grito de explosión alegre
la ‘palabra única’ que perseguías.

“Te he oído rumiar, gemir y gruñir que la rima es un grillete miserable,
que después de todo eres solo una pequeña y gordinflona cabeza buscadora de versos,
me balanceabas sobre tus rodillas como cualquier dama amiga,
entonces con un suspiro me abandonabas por semanas y semanas hasta el final.

“Supe cuando eras poderosamente azul y me martilleabas hasta el amanecer,
¡pobreza fatal! Pero sería la última cosa que tú empeñarías.
¡Días de deuda maldita! Entonces en lo peor el cielo contemplaría, se despejaría,
un poema vendido, el frío desván saltaría a la luz y la alegría.

“Me has marcado por costa y mar desde México a Maine,
desde la vieja Catay a Mandalay, desde Samarcanda a España.
Me has golpeado en el fragor de la batalla y me has aporreado en paz,
por aire y tierra me arrastraste y tu vieja maleta raída.

“Pero ahora mis teclas ya no se inclinan con facilidad a tus dos dedos,
con años de uso mis articulaciones están sueltas,
con desgaste de corriente y campo.
Y encima tú también estás resbalosa:
estás ahuecada, rígida y gris: vieja Sport, estamos hechos,
nuestra raza está corrida, ¿por qué no la llamamos un día?”

¿Por qué no? ¡Has sido una pobre, vieja máquina!,
mi probada y fiel amiga.
Con la punta de los dedos golpearé tus teclas serenamente hasta el final.
Porque aunque estés rígida y lenta no compraré otra.
Y aunque cada palabra sea pálida y borroneada te teclearé hasta que muera.

traducción: Hugo Müller

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