Venezuela espera con las kalashnikovs cargadas

Con la presidencia de Trump, el imperio yanqui comenzó a mostrar su faceta más belicosa, su empecinamiento cerril en sancionar económicamente a los países que considera malignos, y su disposición a atacar invadir cualquier pueblo que se oponga a sus propósitos de opresión y desfalco de petróleo y otros recursos naturales. Así como en Siria prepara (y ha preparado), anuncia y ejecuta ataques con armas químicas que luego, obscena e impunemente, atribuye a Bashar Al Asad, manteniendo sus tropas mercenarias para que cometan cualquier latrocinio salvo combatir a las “células guerrilleras” o grupos de ISIS “implantados y entrenados” por ellos mismos; en Venezuela vienen interviniendo desde la época del comandante Hugo Chávez para derrocar y aniquilar al gobierno de la Revolución Bolivariana. A cada minuto lo hacen más descaradamente y han comenzado a referirse a “una intervención armada”. En concreto, la gira de Perro Loco, el capo del Pentágono, por América Latina, para adiestrar a sus títeres Temer, Macri y Duque, sobre cuál será la estrategia y cuestiones tácticas del plan de invasión yanqui al empetrolado país caribeño.

Teniendo en cuenta los mencionados antecedentes, el presidente Maduro, el único antiimperialista del continente, junto con Evo Morales, firmó un acuerdo con la compañía rusa  Rosoboronexport por el cual comenzará a producir el clásico rifle de asalto kalashnikov. Para ello ya se acondicionaron terrenos y fábricas de armas vetustas, las cuales fueron reequipadas con máquinas rusas de última generación, desafiando en forma ostentosa la hegemonía estadounidense en la región. Sucede que los embates de la Casa Blanca tienen que ser contrarrestados de algún modo. En Nicaragua también armaron y fogonearon guarimbas y practican un golpismo desenfadado, así como arman fraudes escandalosos en Honduras y Argentina, mientras les alcanza con su “soft power” y sus “golpes blandos” para dominar casi la totalidad de la región.

Si bien el precio del petróleo se ha recuperado un poco en los mercados internacionales, las guerras sucias, de baja intensidad, que encabezan los yanquis miameros, gusanos y cipayos de toda laya, contra la economía y las políticas de equidad y distribución de la riqueza que impulsan Maduro y otros líderes chavistas, la inflación y el desabastecimiento han alcanzado ribetes dramáticos según las grandes cadenas de medios que cacarean y alientan la invasión estadounidense. Así, difunden imágenes constantes de un éxodo que amenaza con despoblar a la patria de Bolívar. Para apuntalar y evitar un deterioro aún mayor, el gobierno ruso rescató a la petrolera estatal PDVSA de la quiebra mediante un crédito que implicó un cambio de manos en parte de sus acciones.

En el marco del bloqueo comercial que inició Obama y profundizó Trump, Venezuela y Rusia han celebrado varios acuerdos, entre los cuales no se puede soslayar el apoyo de Moscú al petro, la cibermoneda venezolana que amenaza ser un dolor de cabeza extra para el líder yanqui, y que ha apuntalado al bolívar soberano que comenzó a regir la semana pasada. En los campos de tiro cercanos a los cerros de Caracas, se fabricarán también prototipos del robot Igorek, producido también por Kalashnikov Concern (una filial de “Rosoboro”), capaz de esgrimir y manejar armas con sus garras de titanio.

El robot venezolano será moreno, medirá 4 metros de altura y pesará 5 toneladas. Su rostro será parecido al de Diosdado Cabello, y fue diseñado como un híbrido entre los walkers AT-TE de Star Wars y el ED-209 de Robocop. Totalmente blindado, cuenta con una cabina desde la cual un ingeniero experto le da órdenes digitales o electrónicas. Igorek tendrá un pequeño almacén interior con rifles de asalto AK-47.

El acuerdo entre la empresa de armas rusa y el estado venezolano va más allá de la expansión de un negocio. El motivo de fondo es la delicada situación que atraviesa el gobierno bolivariano ante el acoso de los ejércitos fronterizos de Temer o Duque. Tanto ellos como el Comando Sur serán recibidos por millones de valientes bolivarianos pertrechados con kalashnikovs, dispuestos a que las junglas venezolanas se conviertan en otro Vietnam, mucho más cercano y peligroso que el ejemplar país asiático que supo echar a los yanquis de su territorio.

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